El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre - El eco del fin del mundo
Autor: Kevin Vega | Género: Thriller Psicológico, Ficción Bélica y Apocalíptica, Acción, Misterio, Tragedia
Sinopsis de El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre
Aezel Astor era el pilar de su familia, un joven de inquebrantable calma. Hasta que un descubrimiento insondable lo obligó a fingir su propia muerte, sumiendo a los suyos en el luto. Cinco años después, el mundo se paraliza cuando Aezel reaparece en todas las pantallas del planeta. Ya no es el hijo perfecto, sino el verdugo de la humanidad: con solo presionar unos botones, desata un infierno nuclear y declara una guerra total. Ahora, sobre las cenizas del viejo mundo, su hermano menor, Nirian, es el único decidido a cazar al genocida más despiadado de la historia... aunque eso signifique destruir a la persona que más admiraba.
El eco del fin del mundo
El viento aullaba contra los inmensos ventanales de la Aguja de Defensa Global, el rascacielos más inexpugnable del planeta, diseñado para resistir el fin de los tiempos. Ahora, esa seguridad no era más que una ilusión. El suelo de mármol pulido estaba sembrado de guardias de élite inconscientes. Las alarmas habían sido silenciadas desde sus cimientos antes de tener la oportunidad de sonar. En el centro de la inmensa sala de control, iluminado únicamente por el resplandor frío de decenas de monitores gigantes, estaba Aezel Astor. Tenía veinticinco años. Su rostro pálido y de facciones afiladas parecía esculpido en hielo. No mostraba ni un atisbo de duda, ni una gota de sudor. Estaba vestido con un abrigo largo y oscuro de cuello alto, impecable, exactamente igual que el día en que desapareció, cinco años atrás. Lo único diferente era el abismo indescifrable que ahora habitaba en sus ojos, tan negros que parecían absorber la luz de las pantallas. Sus dedos, largos y precisos, bailaban sobre el teclado principal con una letalidad silenciosa. Estaba hackeando el sistema de transmisión de emergencia planetaria. —Conexión global establecida —susurró una voz sintética desde los altavoces de la sala. Aezel se irguió con una postura de autoridad natural, miró directamente a la lente de la cámara principal y presionó la tecla de ejecución. En ese mismo instante, en cada rincón de la Tierra, las pantallas cobraron vida. Los inmensos carteles luminosos de las metrópolis, los televisores en los suburbios, los teléfonos móviles en las calles y los monitores de seguridad en las zonas más remotas; todos, sin excepción, mostraron el rostro impasible de Aezel. —Habitantes de este mundo —su voz resonó limpia, serena, aterradoramente calmada, traducida en tiempo real a todos los idiomas—. Durante milenios, han caminado a ciegas, creyendo que su existencia tiene un propósito. Han construido civilizaciones sobre la base de una mentira fundamental. Aezel no parpadeó. Su expresión era la de alguien que enuncia una ley matemática irrefutable. —He visto el fondo del abismo. He descifrado la verdadera naturaleza de nuestra especie y el destino que nos aguarda si continuamos respirando. No es una cuestión de política, ni de recursos, ni de moralidad. Es una cuestión de diseño. La humanidad es una anomalía grotesca. Un error de cálculo que ha infectado este planeta. El silencio que se apoderó del mundo entero fue absoluto. Nadie respiraba. Las calles bulliciosas se habían convertido …