Wind: El viento de la esperanza - El beso y la explosión
Autor: Kuro Usagi | Género: Acción, Fantasía, Reencarnación
Sinopsis de Wind: El viento de la esperanza
Un ser ha robado el poder de los antiguos Custodios, entidades que protegían los pilares del universo, desatando el caos a través de las líneas del tiempo. Su nombre es Necroid, el falso Custodio de la Realidad. Y sin saberlo, una adolescente está destinada a detenerlo. En cada línea del tiempo, en cada mundo posible, Wind siempre existe. Y en cada uno, su destino es el mismo: enfrentar al invasor del multiverso, al destructor de todo lo que pudo haber sido. Cargando con un poder que nunca pidió, Wind posee el legado de los antiguos Custodios. Dos de ellos han depositado en ella lo último que les queda. A través de batallas devastadoras, traiciones, pérdidas y reencuentros, Wind deberá descubrir quién es en realidad… Y hasta dónde puede llegar una chica con el peso del multiverso sobre sus hombros.
El beso y la explosión
Recuerdo perfectamente la primera vez que morí. Fue justo después de que el sacerdote dijera: “Ahora puedes besar a la novia”. Yo era la novia. Había flores blancas por todas partes, gente llorando de alegría y una música de cuerdas que flotaba en el aire, como si el universo entero estuviera conteniendo la respiración conmigo. Mi vestido era el más hermoso que había usado jamás y, aunque no lo sabía en ese momento, sería el último. Él me sonrió. Sus manos temblaban al encontrarse con las mías, un gesto tan humano y real que todavía puedo sentirlo. Pero en el instante exacto en que sus labios estaban a milímetros de los míos, el mundo se vino abajo. No sé si escuché primero el estruendo o si vi la luz. Solo recuerdo un destello, como si mil soles hubieran nacido dentro de la iglesia. Vi vidrios flotando en cámara lenta, diamantes de cristal que cortaban el aire mientras los gritos de mi familia —los de Ray, Lia y Nate— se apagaban antes de terminar de sonar. Luego vino el calor. Un calor abrasador que lo borró todo hasta dejarme en la oscuridad total. Desperté sin despertar. No había cama, ni suelo, ni cielo. Me encontraba en una habitación blanca sin paredes, sin techo, sin esquinas; un vacío iluminado que no proyectaba sombras. Estaba allí, flotando o de pie en la nada, sin poder sentir el peso de mi propio cuerpo. ¿Estoy muerta?, pensé. Supongo que sí, pero no era como lo imaginé. —Bienvenida —dijo una voz que vibró en mi pecho. Me di la vuelta y vi a tres figuras observándome. Sus formas eran humanas, pero sus rostros parecían máscaras de cristal traslúcido que ocultaban algo antiguo. Cada uno tenía una luz distinta brillando donde debería estar el corazón: uno azul, otro dorado y el tercero gris, como la ceniza después de un incendio. —¿Quiénes son? —Mi voz no salió, fue solo un pensamiento proyectado hacia ellos. —Somos los Custodios de la realidad —dijo el de luz azul—. Tú moriste… pero aún no has terminado. —¿Terminado qué? —Tu historia. Y entonces todo volvió de golpe, como un golpe físico en el estómago: la iglesia, la explosión, el rostro de él, su mano extendida… el grito que nunca alcancé a dar. Sentí una furia sorda creciendo en mí. No me habían dejado besarlo. Nos lo habían quitado todo. —¿Por qué yo? —pregunté. No por reproche, sino buscando una lógica en medio del absurdo. —Porque él ha regresado —dijo el dorado—. Y en la otra línea del tiempo, tú fuiste quien lo detuvo. En esta, eres nuestra única oportunidad. —Salvarlos a…