Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje - El día en que Cieldia quedó atrás
Autor: Barws | Género: Fantasía, aventura
Sinopsis de Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje
Despertar en un lugar que no reconoces ya es aterrador. Pero hacerlo en un cuerpo que no es el tuyo… en un mundo donde el cielo no sigue ninguna lógica… lo cambia todo. Sin un objetivo claro, sin una misión que cumplir, y sin respuestas sobre cómo llegó allí, un joven se ve obligado a avanzar en un entorno completamente desconocido. Lo que comienza como simple incertidumbre se transforma en algo más profundo: cada paso que da, cada persona que conoce y cada cosa que descubre, le muestran que este mundo no necesita un héroe… pero sí exige que tome decisiones. Guiado por alguien que parece conocerlo… pero que ya no lo reconoce como antes, deberá adaptarse a una realidad que no entiende, mientras poco a poco enfrenta una pregunta mucho más difícil que sobrevivir: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque en un mundo desconocido… no hay caminos ya definidos.
El día en que Cieldia quedó atrás
Capítulo 10: El día en que Cieldia quedó atrás El día pasó demasiado deprisa. O quizá no fue el día. Quizá fui yo, que intenté llenarlo de cosas pequeñas para no pensar demasiado en la única verdad que lo atravesaba todo: al amanecer siguiente, me iría. Después del desayuno, las horas se fueron deshaciendo entre preparativos, explicaciones y silencios. El sol avanzó sobre el patio, cambió de ángulo en las paredes de la casa, calentó la cuerda donde colgaban unas prendas lavadas y luego empezó a descender con esa lentitud cruel que solo se nota cuando uno desea que el tiempo se detenga. Afuera, Cieldia seguía respirando como siempre: se oían cencerros a lo lejos, pasos de animales sobre tierra húmeda, algún carro pasando despacio, voces de vecinos que aún no sabían que para mí aquel día ya no era uno cualquiera. Un par de horas más tarde, Mirellis tuvo que volver a su casa para terminar sus propias preparaciones. No estaba lejos —su vivienda seguía estando al lado, casi pegada a la nuestra—, pero aun así sentí su ausencia en cuanto dejó de estar allí. Fue una sensación extraña. En ese mundo desconocido, Mirellis se había convertido en lo más parecido a una certeza. Verla cruzar el pequeño tramo entre casas me recordó que al día siguiente ya no habría patios vecinos, ni rutina conocida, ni el amparo de un sendero corto entre dos puertas familiares. Entonces Mirtis ocupó el vacío. —Ven —me dijo con esa voz suave que parecía incapaz de ordenar nada y, aun así, conseguía que uno obedeciera sin pensarlo. Sobre la mesa ya estaba preparada la mochila. No la abrió de golpe. La fue deshaciendo poco a poco, como si cada objeto necesitara una explicación y un sitio en mi memoria. —Aquí va la ropa de cambio —dijo, sacando una tela doblada con cuidado—. No es nueva, pero aguanta bien el camino.—El impermeable. Si el tiempo cambia cerca del lago, te hará falta.—La cantimplora. No esperes a tener sed para beber.—Repelente de insectos. No lo olvides por la noche o acabarás rascándote hasta los tobillos.—Y la comida… Había pan duro envuelto en tela, tiras de carne conservada, queso fuerte de la aldea, pequeños frascos con hierbas molidas y bolsas atadas con cuerda fina. Todo estaba colocado con un orden casi ritual, como si Mirtis hubiera intentado meter dentro de aquella mochila no solo objetos, sino tranquilidad. También había botas resistentes, una capa sencilla pero fuerte y ropa más dura de lo normal, hecha para el camino y no para lucir bonita. Cada cosa llevaba la ma…