El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre - El nexo de Drovos

Autor: Kevin Vega | Género: Thriller Psicológico, Ficción Bélica y Apocalíptica, Acción, Misterio, Tragedia

Sinopsis de El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre

Aezel Astor era el pilar de su familia, un joven de inquebrantable calma. Hasta que un descubrimiento insondable lo obligó a fingir su propia muerte, sumiendo a los suyos en el luto. Cinco años después, el mundo se paraliza cuando Aezel reaparece en todas las pantallas del planeta. Ya no es el hijo perfecto, sino el verdugo de la humanidad: con solo presionar unos botones, desata un infierno nuclear y declara una guerra total. Ahora, sobre las cenizas del viejo mundo, su hermano menor, Nirian, es el único decidido a cazar al genocida más despiadado de la historia... aunque eso signifique destruir a la persona que más admiraba.

El nexo de Drovos

El agua caliente era un lujo que Nirian había olvidado. Bajo las duchas de descontaminación del Nivel Uno, dejó que el chorro a presión arrastrara la sangre reseca, la ceniza negra y el sudor de las últimas veinticuatro horas. Observó cómo el agua sucia se arremolinaba en el desagüe de acero, llevándose consigo los restos de la vida que había llevado en el bosque. Cuando salió, encontró un uniforme táctico limpio doblado sobre un banco de metal. Era del gris y blanco característico de la Vanguardia, confeccionado con fibras térmicas para soportar el hielo perpetuo. A su lado, estaba su escopeta, cuidadosamente limpiada y aceitada por los armeros de la base. Nirian se vistió en silencio. El equipo le quedaba a la medida; no sentía el peso aplastante del frío, pero la tela reforzada era un recordatorio constante de que acababa de alistarse en un ejército. Caminó por los pasillos iluminados con luces halógenas hasta el pabellón médico. El lugar olía a antiséptico y yodo. Las hileras de camillas estaban llenas de soldados heridos por congelación o por encuentros con la infantería de la Égida, pero al fondo, en una zona aislada por cortinas de plástico transparente, encontró a su familia. Arthur estaba sentado en el borde de una cama clínica, respirando a través de una mascarilla de oxígeno que finalmente había silenciado su tos húmeda. Su madre sostenía un vaso de té caliente, y los abuelos dormían profundamente bajo gruesas mantas térmicas, monitoreados por sensores de constantes vitales. Nirian apartó la cortina. Arthur se quitó la mascarilla lentamente, y por primera vez en un año, sus ojos no reflejaban terror. Había color en sus mejillas. —Los doctores dicen que el abuelo necesita antibióticos, pero que tienen reservas de sobra —dijo Arthur, con la voz aún ronca pero firme—. Y a mí me van a tratar los pulmones. Nos han asignado un cubículo habitacional en el Nivel Tres. Estamos a salvo, hijo. Nirian asintió, deteniéndose a los pies de la cama. Quería sentir alivio, quería sonreír y abrazarlos, pero su mente seguía en la cámara de contención, desarmando la trampa de Aezel. El monstruo que lo habitaba no se había apagado; solo había cambiado de objetivo. —Me alegro, papá. Se lo merecen —Nirian metió la mano en el bolsillo de su nuevo pantalón táctico y sacó el viejo cuchillo de caza que Lyra le había devuelto. Avanzó un paso y se lo tendió a su padre por el mango—. Quédatelo. La Vanguardia tiene muros altos, pero quiero que tengas esto. Arthur miró el cuchi…

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