Wind: El viento de la esperanza - Cuando el estadio tembló

Autor: Kuro Usagi | Género: Acción, Fantasía, Reencarnación

Sinopsis de Wind: El viento de la esperanza

Un ser ha robado el poder de los antiguos Custodios, entidades que protegían los pilares del universo, desatando el caos a través de las líneas del tiempo. Su nombre es Necroid, el falso Custodio de la Realidad. Y sin saberlo, una adolescente está destinada a detenerlo. En cada línea del tiempo, en cada mundo posible, Wind siempre existe. Y en cada uno, su destino es el mismo: enfrentar al invasor del multiverso, al destructor de todo lo que pudo haber sido. Cargando con un poder que nunca pidió, Wind posee el legado de los antiguos Custodios. Dos de ellos han depositado en ella lo último que les queda. A través de batallas devastadoras, traiciones, pérdidas y reencuentros, Wind deberá descubrir quién es en realidad… Y hasta dónde puede llegar una chica con el peso del multiverso sobre sus hombros.

Cuando el estadio tembló

El semestre llegaba a su punto medio, y con él, el gran partido entre secundarias de la ciudad. El ambiente era eléctrizante. El estadio escolar estaba lleno, en las gradas, Ray, Sora, Nate y Lía, agitaban pancartas y gritaban con entusiasmo. Wind estaba en el campo. La única chica del equipo, recomendada directamente por el entrenador, no por favoritismo, sino porque su talento era innegable. —¡Vamos, Wind! —gritó Nate. —¡Hazlos volar! —añadió Lía, con una sonrisa que mostraba orgullo. Wind, por su parte, intentaba controlar su habilidad al máximo, no era sencillo: su cuerpo estaba entrenado para mucho más. Así que lo disfrazaba como habilidad, como reflejos, como agilidad natural. Silbatazo inicial. El balón comenzó a moverse de un lado al otro del campo, pases, fintas, gritos del público, un balón que cruzaba líneas y buscaba arcos. El pase llegó desde el centro del campo, Wind interceptó, corrió, esquivó, cargó su pierna derecha y… —¡GOOOOOOOL! El estadio estalló. Su nombre fue coreado por decenas de voces. Ray levantó a Sora en un impulso de alegría, Nate abrazó a Lía y casi la tiró de la grada. Pero en un rincón oscuro, lejos del bullicio, una sombra abrió su mano, y desde los pliegues de la oscuridad, los Umbríos despertaron. Criaturas nacidas de las sombras de los muertos, hechos de odio, alimentados de vida, sus cuerpos no eran del todo sólidos. Eran niebla, garras y oscuridad. Casi al final del primer tiempo, el aire cambió, una presión en el ambiente, un escalofrío compartido y Ray lo sintió de inmediato. —Sora, chicos… será mejor que se vayan... Ahora —dijo con tono firme. Wind, en el campo, lo sintió también, miró hacia su padre y él le hizo una señal sutil, ella la entendió. El momento había llegado. Las criaturas emergieron del suelo como humo sólido, reptando con chillidos, gritos y gruñidos. El caos fue inmediato, gritos, gente huyendo, niños siendo evacuados por profesores. Wind tomó una toalla de la banca, la envolvió sobre su cabeza como capucha improvisada y corrió al frente. Ray, desde las gradas, tomó una bandera caída de uno de los equipos y cubrió su rostro. Los Umbríos atacaban, pero no contaban con Wind y Ray. Ella lanzó una patada que atravesó a uno de los seres, haciéndolo disiparse como bruma. Ray estiró las manos y su magia formó un halo de energía luminosa que desintegró a otro al instante. Uno a uno, los Umbríos fueron cayendo, reducidos a nada antes de que las autoridades siquiera supieran qué pasaba. Cuando llegaron los p…

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