Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje - El primer día del camino

Autor: Barws | Género: Fantasía, aventura

Sinopsis de Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje

Despertar en un lugar que no reconoces ya es aterrador. Pero hacerlo en un cuerpo que no es el tuyo… en un mundo donde el cielo no sigue ninguna lógica… lo cambia todo. Sin un objetivo claro, sin una misión que cumplir, y sin respuestas sobre cómo llegó allí, un joven se ve obligado a avanzar en un entorno completamente desconocido. Lo que comienza como simple incertidumbre se transforma en algo más profundo: cada paso que da, cada persona que conoce y cada cosa que descubre, le muestran que este mundo no necesita un héroe… pero sí exige que tome decisiones. Guiado por alguien que parece conocerlo… pero que ya no lo reconoce como antes, deberá adaptarse a una realidad que no entiende, mientras poco a poco enfrenta una pregunta mucho más difícil que sobrevivir: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque en un mundo desconocido… no hay caminos ya definidos.

El primer día del camino

Capítulo 11: El primer día del camino El interior del vagón no era grande. No lo bastante como para que ocho personas pudieran fingir comodidad durante catorce días de viaje, al menos no sin volverse locas antes de llegar a Ciudad Esperanza. La madera crujía con cada sacudida, las ruedas golpeaban las piedras del camino con una terquedad constante y el olor a cuero, tela, comida guardada y polvo de carro se iba mezclando poco a poco con el calor de los cuerpos. Las mantas, las mochilas y los pequeños sacos personales estaban acomodados como podían: debajo de los bancos, en un rincón, atados con cuerda para que no salieran disparados cada vez que el camino decidía recordarnos que aún estábamos sobre una carreta y no en un salón cómodo. En aquel vagón viajábamos ocho en total. Yo. Mirellis. Y otros seis chicos y chicas de Cieldia. En el otro vagón iban los ocho restantes del pueblo, entre ellos el pelirrojo que el día anterior me había lanzado al río con una mezcla de arrogancia y técnica impecable. Su presencia seguía pesándome incluso sin tenerlo delante; quizá porque, aun después del duelo, yo todavía no sabía si odiarlo, entenderlo o simplemente aceptar que ese tipo de personas también existirían en mi nuevo mundo. Dentro de nuestro vagón, el primero que llamaba la atención era Martin. No porque hiciera ruido, sino porque tenía esa apariencia de muchacho que se ha criado bajo el sol y el trabajo físico. El cabello azul oscuro, algo desordenado, parecía más apagado en las puntas por el salitre y el sol que por descuido. Las manos, grandes para su edad, tenían ese aspecto áspero de quien pasa más tiempo sujetando redes, cestas o remos que plumas. Hijo de pescador, acostumbrado al río y a las pequeñas embarcaciones, Martin llevaba consigo un cuchillo de trabajo tan usado que parecía parte de su propia cintura. No hablaba mucho al principio, pero observaba todo con la calma de quien está acostumbrado a leer el clima antes de que llueva y el agua antes de que se mueva. En él había una serenidad práctica que me agradó de inmediato. A su lado iba Alren el hijo del jefe del pueblo. Rubio. Delgado. Con los hombros aún demasiado tensos para alguien tan joven. Tenía el tipo de rostro al que la gente seguramente llamaría “correcto”, pero sus manos lo traicionaban: movían la manga, ajustaban el borde de su libro, tocaban el banco, volvían al libro, como si no encontraran sitio donde quedarse quietas. Era un chico educado, claramente mejor enseñado que la mayoría de n…

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