El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre - Las arenas ponzoñosas
Autor: Kevin Vega | Género: Thriller Psicológico, Ficción Bélica y Apocalíptica, Acción, Misterio, Tragedia
Sinopsis de El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre
Aezel Astor era el pilar de su familia, un joven de inquebrantable calma. Hasta que un descubrimiento insondable lo obligó a fingir su propia muerte, sumiendo a los suyos en el luto. Cinco años después, el mundo se paraliza cuando Aezel reaparece en todas las pantallas del planeta. Ya no es el hijo perfecto, sino el verdugo de la humanidad: con solo presionar unos botones, desata un infierno nuclear y declara una guerra total. Ahora, sobre las cenizas del viejo mundo, su hermano menor, Nirian, es el único decidido a cazar al genocida más despiadado de la historia... aunque eso signifique destruir a la persona que más admiraba.
Las arenas ponzoñosas
El cielo sobre el continente de Kaldor no era gris como el de las regiones del norte; era de un tono amarillento y enfermo, cargado de vapores de azufre y tormentas de polvo que arañaban las pocas estructuras que seguían en pie. Aquí, el apocalipsis de Aezel no solo había destruido las ciudades, sino que había evaporado los ríos, dejando en su lugar llanuras agrietadas y desiertos de arena tóxica donde respirar sin un filtro era una sentencia de muerte lenta. El aerodeslizador de asalto de la Vanguardia, camuflado con pintura absorbente de radar y paneles antirreflexión, volaba a ras de suelo, esquivando las dunas y los esqueletos de metal de antiguas refinerías de petróleo. En el compartimento de carga, sumidos en una penumbra verdosa, Nirian y los miembros del Escuadrón Sombra revisaban sus armas por última vez. Todos llevaban máscaras de gas de rostro completo, con lentes oscuras que les daban un aspecto de insectos gigantes. El zumbido del motor era lo único que llenaba el espacio, interrumpido ocasionalmente por el traqueteo del vehículo al golpear contra las corrientes de aire térmico del desierto. Nirian se ajustó las correas de su chaleco táctico. Sobre su uniforme de la Vanguardia llevaba ahora un capote de lona desgastada, cubierto de polvo para mimetizarse con el entorno de Kaldor. En su espalda, además de su fiel escopeta de corredera, cargaba con un maletín de titanio acolchado: el contenedor magnético donde debía asegurar el Núcleo Maestro del Goliat. Kaelen se acercó a él, apoyándose en uno de los pasamanos de acero del techo. A través del cristal de su máscara, sus ojos reflejaban la seriedad de la misión. —Estamos a cinco minutos del Punto de Inserción, Astor —informó el Sargento, su voz distorsionada por el modulador de la radio interna—. El piloto nos dejará en la base de la Garganta del Diablo, el cañón donde los hombres de Drovos tienen atrapado al bípode. A partir de ahí, nos moveremos a pie. Elara y Jax cubrirán las alturas con rifles de precisión; tú, yo y los de demolición entraremos al fondo del cañón. —¿Cuál es la situación de las patrullas de Drovos? —preguntó Nirian, manteniendo su voz completamente plana. —Nuestros satélites espías captaron movimiento hace tres horas. Tienen un campamento minero improvisado justo en la boca del cañón —intervino Elara desde el fondo, golpeando el cargador de su rifle de francotirador contra su rodilla—. Usan a cientos de esclavos para excavar la roca que sepultó al Goliat. Esos bastardos no tie…