Villano Extra: Camino hacia la Gloria - EL PAN DE LOS HEREJES — LA CALLE QUE APRENDIÓ A RESPIRAR MEJOR
Autor: Barws | Género: Fantasía épica, Isekai, Aventura, Acción, Magia, Alquimia, Academia mágica, Conquista de mazmorras, Romance, Harem, Rivalidad, Progresión de poder, Misterios del mundo, Villano extra, Status panel, Imperio Kran, Mazmorras especiales de dificultad variable, Dioses y héroes, Guerras entre naciones, Razas antiguas (elfos, enanos, hadas).
Sinopsis de Villano Extra: Camino hacia la Gloria
Un lector apasionado despierta en un mundo de fantasía dentro del cuerpo de Nicolás Harts, un niño de ocho años, hijo de un barón arruinado y marcado por el destino como un simple “villano extra”. Sin embargo, este nuevo mundo no es solo un tablero de nobles y héroes bendecidos por los dioses: está lleno de mazmorras infinitas, clasificadas desde el rango F hasta el legendario SSS, con secretos ocultos en las misteriosas mazmorras EX. Nicolás decide desafiar su papel secundario. Su camino será el de la alquimia, el arte de transformar lo imposible en poder tangible. Entre imperios, razas antiguas y guerras divinas, luchará por sobrevivir, conquistar mazmorras y demostrar que incluso un villano extra puede escribir su propia leyenda. En el continente de Maryis, bajo el Imperio Kran, comienza una historia de superación, estrategia y descubrimiento, donde cada decisión puede significar gloria… o la muerte más inesperada.
EL PAN DE LOS HEREJES — LA CALLE QUE APRENDIÓ A RESPIRAR MEJOR
CAPÍTULO 111 EL PAN, LA VENDA Y EL NOMBRE — CUANDO EL BASTIÓN EMPEZÓ A VOLVERSE NECESARIO Corregido Año 1012 — tramo tardío del gran primer añoCapital imperial del Imperio Kran — Sector Siete, ala civil del Bastión de Plata La ciudad no empieza a respetar una institución cuando la teme. Empieza a respetarla cuando descubre, con una mezcla humillante de necesidad y mala educación, que ya no sabe hacer sin ella ciertas cosas pequeñas. No una guerra.No una coronación.No una épica. Cosas peores. Más indecentes. Más difíciles de negar después. Como: conseguir pan sin que te estafen, vendar una mano a tiempo, encontrar agua limpia a media tarde, o recibir respuesta cuando llamas a una puerta que el resto del mundo lleva años fingiendo que no oye. Aquella mañana, el Sector Siete olía a pan. No al pan caro del anillo noble, cocido para que crija bien bajo cuchillos brillantes y conversaciones inútiles. A otro. Pan de cola.Pan de prisa.Pan caliente que se enfría si la fila tarda demasiado.Pan que decide si un día empieza con fuerza o con mal humor. Y, por primera vez en muchísimo tiempo, una parte de ese pan estaba saliendo del entorno del Bastión de Plata. No por caridad absurda.No por propaganda de santo nuevo.No por una escena bonita para que la ciudad se enterneciera y luego siguiera igual. Por organización. Eso era lo que la volvía una amenaza de verdad. Desde la puerta lateral del ala civil, Mireille observaba cómo la fila se ordenaba en dos líneas diferenciadas: una para reparto de ración, otra para atención de cortes leves, fiebre baja y fatiga de trabajo. Todo olía a: masa recién abierta, caldo fino, paños hervidos, jabón áspero, y salvia. Perfecto. Mil veces mejor que incienso. Mireille llevaba la tablilla de servicio bajo el brazo y esa expresión seca que había aprendido en el norte cuando todavía se servía a una casa rota pero orgullosa y no a una estructura nueva que amenazaba con volverse necesaria demasiado deprisa para el gusto del centro. No había vuelto todavía junto a Aurora Harts. Y se notaba. A ella también. No en debilidad. En disciplina extra. Hay personas que, cuando echan de menos, se ablandan.Otras se vuelven más precisas. Mireille pertenecía a la segunda clase. —No se entregan dos bollos al mismo brazo solo porque la cara inspire ternura —dijo a uno de los chicos nuevos del servicio—.Y si alguien llega con fiebre, no lo mandas primero a la cola del pan. Lo mandas a la mesa de paños. El hambre puede esperar un minuto; una infección mal leí…