Villano Extra: Camino hacia la Gloria - EL PRÍNCIPE QUE DEJÓ DE ESPERAR — CUANDO MALACOR KRAN EMPEZÓ A FUNDAR SU PROPIA SOMBRA

Autor: Barws | Género: Fantasía épica, Isekai, Aventura, Acción, Magia, Alquimia, Academia mágica, Conquista de mazmorras, Romance, Harem, Rivalidad, Progresión de poder, Misterios del mundo, Villano extra, Status panel, Imperio Kran, Mazmorras especiales de dificultad variable, Dioses y héroes, Guerras entre naciones, Razas antiguas (elfos, enanos, hadas).

Sinopsis de Villano Extra: Camino hacia la Gloria

Un lector apasionado despierta en un mundo de fantasía dentro del cuerpo de Nicolás Harts, un niño de ocho años, hijo de un barón arruinado y marcado por el destino como un simple “villano extra”. Sin embargo, este nuevo mundo no es solo un tablero de nobles y héroes bendecidos por los dioses: está lleno de mazmorras infinitas, clasificadas desde el rango F hasta el legendario SSS, con secretos ocultos en las misteriosas mazmorras EX. Nicolás decide desafiar su papel secundario. Su camino será el de la alquimia, el arte de transformar lo imposible en poder tangible. Entre imperios, razas antiguas y guerras divinas, luchará por sobrevivir, conquistar mazmorras y demostrar que incluso un villano extra puede escribir su propia leyenda. En el continente de Maryis, bajo el Imperio Kran, comienza una historia de superación, estrategia y descubrimiento, donde cada decisión puede significar gloria… o la muerte más inesperada.

EL PRÍNCIPE QUE DEJÓ DE ESPERAR — CUANDO MALACOR KRAN EMPEZÓ A FUNDAR SU PROPIA SOMBRA

CAPÍTULO 115 EL PRÍNCIPE QUE DEJÓ DE ESPERAR — CUANDO MALACOR KRAN EMPEZÓ A FUNDAR SU PROPIA SOMBRA Año 1012 — mismo tramo tardío del gran primer añoCapital del Imperio Kran — anillo imperial, ala oriental de la residencia Kran y patios secundarios del antiguo cuartel de escolta La corte imperial tenía una forma muy concreta de destruir a sus herederos sin mancharse las manos. No los mataba. Los volvía dependientes. Dependientes de: permiso, firma, facción, tutor, cámara, secretario, bendición de sangre, y del tipo correcto de error ajeno para que pareciera que el mérito propio todavía tenía algo que decir en el asunto. A un heredero brillante lo vigilaba.A un heredero débil lo moldeaba.A un heredero incómodo le hacía algo peor: lo dejaba vivir rodeado de recursossin permitirle jamás sentir que algo le pertenecía de verdad. Eso fue lo que Malacor Kran entendió con una claridad casi insoportable la mañana en que vio el antiguo patio de escolta de la residencia oriental casi vacío. No vacío del todo. Eso habría sido simple. Vacío a propósito. Los hombres seguían allí, sí: guardias de protocolo, criados armados, una pareja de instructores viejos, dos jóvenes nobles asignados a presencia de séquito. Pero no había nada que se pareciera a fuerza propia. Nada que respirara a voluntad organizada.Nada que dijera: “esto responde a mí”. Todo olía a préstamo. A concesión. A aparato imperial simulando servicio mientras vigila. El patio era ancho, de piedra gris, con una franja de entrenamiento central que en otros tiempos habría alojado a veinte hombres con lanza y escudo en práctica cerrada. Ahora solo quedaban: dos bastidores viejos, una mesa de equipo a medio uso, y un toldo de almacenaje con más polvo que disciplina reciente. El heredero del Imperio Kran disponía de: nombre, rango, sangre, habitaciones, acceso, y peligro. Pero no de algo mucho más serio: estructura propia. Malacor Kran lo miró todo sin moverse. No había en su rostro la clase de rabia que tranquiliza a los observadores porque se parece a la adolescencia. Había otra cosa. Peor. Había cálculo. A un lado, el capitán viejo de escolta bajó la vista con esa obediencia ceremoniosa que la corte confunde demasiado a menudo con lealtad. —¿Necesitáis algo, alteza? Ahí estaba la enfermedad entera del centro, comprimida en una pregunta. No: “¿qué queréis construir?”No: “¿qué necesitáis para actuar?”No: “¿cuál es vuestra orden?” Solo: “¿necesitáis algo?” Como si un príncipe heredero fuera un pozo de ceremonias, n…

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