CHOQUE DE CONTINENTES - el peor conductor posible

Autor: JoaquínxD | Género: Acción, Artes Marciales, Suspenso.

Sinopsis de CHOQUE DE CONTINENTES

"13 países de Latinoamérica contra el resto del mundo. Un torneo prohibido donde el honor no existe y solo el instinto salvaje importa. De los galpones de Argentina a las sombras de Perú, los verdaderos demonios han despertado."

el peor conductor posible

Capítulo 117 — El peor conductor posible ​El auto deportivo negro salió volando por los aires. ​Giró en el vacío. Una vuelta. Dos vueltas. Tres vueltas. Todo sucedía en una cámara lenta agónica. Los vidrios rompiéndose en mil pedazos, papeles volando por el cielo del subsuelo y las caras de puro terror de los muchachos. ​Y de golpe… ​¡¡¡BOOOOOOM!!! ​El auto cayó de punta con un impacto violento contra una tienda que vendía periódicos en la vereda. Los periódicos salieron volando por todas partes, mezclados con revistas, carteles y diarios viejos. ​Un señor salió corriendo de atrás del mostrador destruido, miró el desastre total de su negocio y se agarró la cabeza con desesperación. ​Señor: —¡¡¡NOOOO, MI TIENDAAAAA!!! ​Dentro del auto... se hizo el silencio. Un completo y sepulcral silencio. Una de las puertas abolladas se desprendió y cayó pesadamente al piso. ​Agustín levantó lentamente la cabeza, con los ojos fijos y todavía agarrando firme el volante entre las manos. Miró a través del parabrisas astillado el desastre del puesto. ​Agustín: —Perdón, señor... ​Hizo una pausa, procesando el golpe. ​Agustín: —... Por destruir su puesto de trabajo vendiendo periódicos. ​Silencio adentro del habitáculo. Tobías abrió un ojo con cuidado, después abrió el otro. Miró a su alrededor, miró adelante y miró hacia atrás. ​Tobías: —... ¿Qué pasó? ​Franco estaba sentado completamente duro en su asiento. Quieto. Pálido como un muerto y mirando fijo hacia el vacío. ​Franco: —Vi la luz... ​Pausa dramática. ​Franco: —... Vi la maldita luz. ​Davi seguía aferrado con uñas y dientes al respaldo del asiento, temblando de la cabeza a los pies. ​Davi: —Siento que mi espíritu salió de mi cuerpo... ​Leonardo, que seguía pegado contra el techo del vehículo, deslizó lentamente la cabeza hacia abajo, bajando despacio y con cuidado. ​Leonardo: —Por favor... Prefiero mil veces a Celeste manejando un avión loca antes que esto. ​Agustín soltó un suspiro largo. Miró fijamente el espejo retrovisor. Silencio. Parpadeó, frotándose los ojos, y volvió a mirar el reflejo. Las luces rojas y azules de las sirenas se acercaban rápidamente. Silencio otra vez. ​Lentamente, Agustín giró la cabeza hacia atrás para mirar a sus compañeros. ​Agustín: —Tobías... ​Tobías: —¿Qué? ​Agustín: —Franco... ​Franco: —No quiero. ​Agustín: —Davi... ​Davi: —No. ​Agustín: —Leonardo... ​Leonardo: —No. ​Silencio absoluto en el auto. Agustín tragó saliva con fuerza y acomodó las dos manos en el volante. ​Agustín: —Sé que n…

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