Villano Extra: Camino hacia la Gloria - EL BOSQUE QUE YA NO OBEDECE
Autor: Barws | Género: Fantasía épica, Isekai, Aventura, Acción, Magia, Alquimia, Academia mágica, Conquista de mazmorras, Romance, Harem, Rivalidad, Progresión de poder, Misterios del mundo, Villano extra, Status panel, Imperio Kran, Mazmorras especiales de dificultad variable, Dioses y héroes, Guerras entre naciones, Razas antiguas (elfos, enanos, hadas).
Sinopsis de Villano Extra: Camino hacia la Gloria
Un lector apasionado despierta en un mundo de fantasía dentro del cuerpo de Nicolás Harts, un niño de ocho años, hijo de un barón arruinado y marcado por el destino como un simple “villano extra”. Sin embargo, este nuevo mundo no es solo un tablero de nobles y héroes bendecidos por los dioses: está lleno de mazmorras infinitas, clasificadas desde el rango F hasta el legendario SSS, con secretos ocultos en las misteriosas mazmorras EX. Nicolás decide desafiar su papel secundario. Su camino será el de la alquimia, el arte de transformar lo imposible en poder tangible. Entre imperios, razas antiguas y guerras divinas, luchará por sobrevivir, conquistar mazmorras y demostrar que incluso un villano extra puede escribir su propia leyenda. En el continente de Maryis, bajo el Imperio Kran, comienza una historia de superación, estrategia y descubrimiento, donde cada decisión puede significar gloria… o la muerte más inesperada.
EL BOSQUE QUE YA NO OBEDECE
CAPÍTULO 119 EL BOSQUE QUE YA NO OBEDECE El bosque no crece pidiendo permiso. Crece: empujando raíces donde otros dejaron piedra, levantando savia donde antes solo hubo escarcha, robando luz, negándola, compitiendo, inclinando el aire a su favor, y obligando a todo lo que vive debajo a decidir si quiere subir, pudrirse o arder. Aquel invierno tardío, el mundo de Nicolás Harts se había vuelto exactamente eso. No una línea.No una historia limpia.No un camino único donde el héroe correcto avanza, los secundarios sirven y los dioses aplauden desde alguna cúpula obscena de causalidad. Un bosque. Uno que había empezado a crecer donde no debía, con una violencia silenciosa y vegetal que ya estaba empujando a hombres, mujeres, casas, gremios, mercados, templos y futuros enteros a girarse, competir o mutar para no quedarse enterrados bajo su sombra. La nieve aún se negaba a marcharse del todo de Maryis, pero ya no tenía la autoridad de antes. Se quedaba en los bordes: en los tejados viejos, en los arados detenidos, en los carros cargados de metal y lino, en los montes del norte, en las piedras rotas de la capital, y en los márgenes del camino donde el mundo seguía creyendo que aún podía obligar a todos a regresar a la versión correcta de sí mismos. No iba a poder. No ya. Rhevan Dhor descendía por el sendero del norte con el paso de quien ya no cree en la palabra “salvación”, pero tampoco ha encontrado todavía otra mejor para el odio. La escarcha le mordía las botas y la capa olía a nieve vieja, piel curtida y hierro partido. La espada rota a la espalda no le servía para mucho. Aun así, la llevaba, como si cargar un pedazo inútil de acero fuese la única forma de recordarle al mundo que había muerto una vez con un arma en la mano y sin embargo aquello no bastó para volver digna la historia. No recordaba toda la línea Beta.No el mapa completo.No los años enteros. Recordaba lo suficiente. Recordaba: la luz del golpe final, el sabor de la sangre fría, un héroe diciendo la palabra “orden” como si no acabara de usarla para justificar una ejecución, y la certeza que había entrado en él en el último segundo: los dioses no son salvadores;son administradores de preferencia. Los héroes tampoco. Esa idea había sobrevivido a su muerte.Y ahora caminaba con él. Abajo, en la bajada final del sendero, el norte Harts exhalaba humo nuevo. No humo de leña desesperada, ni humo de sopa aguada, ni humo de una casa que lucha por no congelarse. Humo de trabajo. Rhevan se detuvo. Dos carros …