Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje - Pueblo Laria

Autor: Barws | Género: Fantasía, aventura

Sinopsis de Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje

Despertar en un lugar que no reconoces ya es aterrador. Pero hacerlo en un cuerpo que no es el tuyo… en un mundo donde el cielo no sigue ninguna lógica… lo cambia todo. Sin un objetivo claro, sin una misión que cumplir, y sin respuestas sobre cómo llegó allí, un joven se ve obligado a avanzar en un entorno completamente desconocido. Lo que comienza como simple incertidumbre se transforma en algo más profundo: cada paso que da, cada persona que conoce y cada cosa que descubre, le muestran que este mundo no necesita un héroe… pero sí exige que tome decisiones. Guiado por alguien que parece conocerlo… pero que ya no lo reconoce como antes, deberá adaptarse a una realidad que no entiende, mientras poco a poco enfrenta una pregunta mucho más difícil que sobrevivir: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque en un mundo desconocido… no hay caminos ya definidos.

Pueblo Laria

Capítulo 12: Pueblo Laria La mañana siguiente llegó envuelta en un frío más limpio que el de la noche anterior. No era un frío cruel, pero sí lo bastante vivo como para espabilar a cualquiera que durmiera fuera de su cama habitual. El campamento todavía olía a humo apagado, hierba húmeda y ollas vacías. El cielo tenía ese color pálido de las primeras horas en el que el día todavía no decide si va a ser amable o agotador. Entre los árboles del borde del claro se colaba una niebla ligera, y de vez en cuando el vapor del desayuno recién calentado se confundía con ella, como si incluso la comida tuviera que abrirse paso entre la mañana para imponerse. No todos despertaron igual. Había quien ya estaba sentado junto al fuego, despierto desde antes del alba, con la manta echada sobre los hombros y la mirada perdida en las brasas. Otros tardaron tanto en reaccionar que parecía que el mundo entero tendría que esperar a que terminaran de recordar dónde estaban. Uno de los chicos del otro vagón —Fran— fue el primero en quejarse en voz alta de lo dura que era la madera donde había apoyado el cuello medio dormido, y eso bastó para arrancar un par de gruñidos, una risa mal contenida y alguna mirada asesina de quien habría preferido seguir durmiendo. Mirellis, por supuesto, ya estaba despierta. Tenía la mochila cerrada, la manta doblada y el cabello mejor colocado de lo que cualquier persona decente debería conseguir después de dormir fuera de casa por segunda noche consecutiva. El detalle no pasó desapercibido. Cloe lo notó. Maltida también. Y aunque ninguna dijo nada de inmediato, la simple manera en que se miraron entre sí dejó claro que los comentarios vendrían tarde o temprano. Jerwis fingió no darse cuenta. Mirellis, que sí se dio cuenta, miró hacia otro lado con la rigidez de quien está intentando con todas sus fuerzas que su propio rostro no la traicione. El desayuno fue sencillo: pan algo seco, un caldo ligero recalentado y restos de comida de viaje que ya empezaban a perder la dignidad de la primera jornada. Aun así, nadie protestó demasiado. El segundo amanecer fuera del pueblo tenía algo que ordenaba un poco mejor a la caravana. Ya sabían dónde colocar las cosas, quién tardaba más en despertarse, quién era útil con el fuego, quién se movía mejor entre los carros y quién no debía cargar nada pesado si no querían terminar recogiendo objetos del suelo. Sin necesidad de hablarlo, el viaje estaba empezando a imponer sus propias reglas. La marcha continuó. Durante …

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