Reencarne En Una Era Primitiva - Capítulo 12

Autor: Niuyee | Género: romance, harem Inverso, Harén fantasía

Sinopsis de Reencarne En Una Era Primitiva

Prólogo —¿Por qué todos están aquí? Zary abrió los ojos y observó el techo de piedra de su habitación. O mejor dicho, su enorme habitación. La habitación de la jefa de la ciudad. La habitación que compartía con cinco hombres imposiblemente guapos. Y, por desgracia, los cinco estaban presentes. —Porque es nuestra habitación —respondió una voz grave. Zary giró la cabeza. El hombre de cabello rojo y ojos escarlata estaba sentado junto a la cama, observándola con una sonrisa. —Llegué primero. —Mentira. La respuesta vino desde la ventana. El albino de ojos dorados descansaba tranquilamente apoyado contra la pared. —Yo llegué antes. —Ambos llegaron después de mí. El segundo albino, dueño de unos extraños ojos plateados, ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo. Una vena apareció en la frente de Zary. No eran niños. Eran líderes tribales. Guerreros legendarios. Los hombres más poderosos de todo el continente. Entonces, ¿por qué discutían como si tuvieran cinco años? —Zary. El hombre de cabello púrpura tomó una de sus manos. —¿Desayunaste? —Todavía no. —Perfecto. Cociné para ti. —Ella comerá lo que preparé yo. El hombre de cabello negro y ojos azules apareció detrás de él sosteniendo una bandeja. El silencio cayó sobre la habitación. Luego los cinco comenzaron a mirarse. Y la temperatura pareció descender varios grados. Zary cerró los ojos. Otra vez no. Otra vez estaban compitiendo. Otra vez porque ella había sonreído a uno más que a los demás. Otra vez porque uno había recibido un abrazo y los otros cuatro exigían el suyo. A veces se preguntaba cómo había terminado así. Porque años atrás todo era diferente. Muy diferente. Cuando abrió los ojos por primera vez en este mundo, no existían ciudades. No existían caminos. No existían hornos. No existían murallas. Ni siquiera existía una forma adecuada de conservar alimentos. Las tribus apenas comenzaban a dominar el fuego. Y ella... Ella solo era una chica común que había reencarnado accidentalmente en aquel mundo salvaje. Peor aún. Había reencarnado como la hermana menor de la futura villana. Una villana destinada a provocar incontables desgracias. Una villana llamada Lyra. En aquel entonces, Zary estaba convencida de que su vida sería difícil. Nunca imaginó que terminaría construyendo ciudades. Nunca imaginó que cambiaría el destino de las tribus. Nunca imaginó que recibiría un sistema misterioso. Y definitivamente jamás imaginó que acabaría con cinco esposos. —Zary. —¿Sí? Los cinco hombres la miraron al mismo tiempo. —¿A quién quieres más? La sonrisa de Zary desapareció. Otra vez esa pregunta. Siempre esa pregunta. Cada. Maldito. Día. Los cinco aguardaban la respuesta. Ella observó sus rostros expectantes. Y entonces suspiró. Tal vez construir una civilización había sido más fácil que lidiar con sus esposos. Mucho más fácil. Porque la historia de Zary no comenzó con una gran ciudad. Ni con riqueza. Ni con poder. Comenzó en una pequeña tribu primitiva. Cuando una chica de otro mundo abrió los ojos y descubrió que había renacido en el lugar menos esperado. Y que su destino estaba a punto de cambiar para siempre.

Capítulo 12

Capítulo 12: El Lobo Blanco y los Celos del Zorro Las noticias sobre la Tribu Luna Gris comenzaron a extenderse por toda la región. Una tribu que producía agua limpia. Una tribu que cultivaba comida. Una tribu que fabricaba herramientas de hierro. Para muchas personas, aquello sonaba absurdo. Pero los rumores seguían creciendo. Y junto con ellos llegaron los visitantes. Aquella mañana, varios comerciantes aparecieron en la entrada de la aldea. Los aldeanos observaron con curiosidad. Entre todos los visitantes había un hombre que destacaba inmediatamente. Era alto. Muy alto. Su cabello blanco como la nieve caía hasta sus hombros. Sus ojos dorados brillaban bajo la luz del sol. Dos orejas de lobo sobresalían de su cabeza. Y detrás de él se movía una gran cola blanca. Su presencia era elegante. Refinada. Muy diferente a la de la mayoría de los hombres bestia. —¿Quién es? —preguntó Lyra. —Un comerciante —respondió uno de los guardias. El hombre avanzó tranquilamente. Su mirada recorrió la aldea. Las nuevas construcciones. Los campos de cultivo. Las herramientas de hierro. Y finalmente... Se detuvo sobre Zary. Por alguna razón, no pudo apartar los ojos de ella. —Así que tú eres Zary. La joven levantó una ceja. —¿Me conoces? —He escuchado muchos rumores. —¿Buenos o malos? —Sorprendentes. El hombre sonrió. —Mi nombre es Jared. —Encantada. —Yo también. Mientras observaba aquella conversación, Kael sintió algo extraño. Algo desagradable. Muy desagradable. Sus nueve colas se agitaron ligeramente. No le gustaba la forma en que Jared miraba a Zary. Y tampoco le gustaba la facilidad con la que estaba hablando con ella. Por otro lado, Zary estaba pensando algo completamente diferente. "Jared..." Reconocía ese nombre. Y eso no era bueno. En la novela original, Jared era uno de los futuros compañeros de la protagonista humana. Un comerciante famoso. Inteligente. Poderoso. Y extremadamente popular. Por esa razón, Zary no tenía demasiado interés en acercarse a él. Después de todo, se suponía que pertenecía al grupo de la protagonista original. Aunque, para ser honestos, aquella protagonista todavía ni siquiera había aparecido en su vida. —He oído que inventaste muchas cosas interesantes —dijo Jared. —Solo intento mejorar la tribu. —Eso ya es bastante impresionante. Los ojos dorados del lobo brillaron con interés. Porque cuanto más observaba a Zary, más intrigado se sentía. Ella era completamente distinta a cualquier mujer que hubiera conocido. Mientras tanto, Kael observaba…

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