Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje - Antion, donde el lago parece guardar el cielo
Autor: Barws | Género: Fantasía, aventura
Sinopsis de Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje
Despertar en un lugar que no reconoces ya es aterrador. Pero hacerlo en un cuerpo que no es el tuyo… en un mundo donde el cielo no sigue ninguna lógica… lo cambia todo. Sin un objetivo claro, sin una misión que cumplir, y sin respuestas sobre cómo llegó allí, un joven se ve obligado a avanzar en un entorno completamente desconocido. Lo que comienza como simple incertidumbre se transforma en algo más profundo: cada paso que da, cada persona que conoce y cada cosa que descubre, le muestran que este mundo no necesita un héroe… pero sí exige que tome decisiones. Guiado por alguien que parece conocerlo… pero que ya no lo reconoce como antes, deberá adaptarse a una realidad que no entiende, mientras poco a poco enfrenta una pregunta mucho más difícil que sobrevivir: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque en un mundo desconocido… no hay caminos ya definidos.
Antion, donde el lago parece guardar el cielo
Capítulo 14: Antion, donde el lago parece guardar el cielo La lluvia había quedado atrás, pero no del todo.Todavía seguía pegada a las ruedas, a los bajos de los carros y a los bordes de las capas, como si el camino no quisiera dejar marchar fácilmente el tramo gris del Bosque Vrim. La mañana avanzó pesada, con barro oscuro, caballos resoplando y el sonido insistente de los ejes forzándose contra la tierra húmeda. Poco a poco, sin embargo, el aire fue cambiando. Dejó de oler a corteza mojada, musgo y encierro. Se volvió más frío, más limpio, más amplio. Más abierto. Fue Martin quien lo notó antes que nadie. Levantó apenas la cabeza y dijo, con la seguridad de quien ha pasado media vida oliendo agua antes de verla: “Ya falta poco. Eso no es lluvia. Es lago.” La niebla se hizo más espesa durante un tramo. Tanto, que el mundo pareció reducirse a muy poco: ruedas, caballos, la sombra de la escolta y las voces apagadas de quienes marchaban no muy lejos. Luego empezó a levantarse. No de golpe, sino en capas, como una cortina húmeda que se abre sin prisa. Y entonces apareció Driguas. No como un simple lago. Como una extensión imposible. La superficie se extendía tanto que durante un instante costaba creer que aquello siguiera siendo tierra adentro. No olía a mar. Olía a agua dulce profunda, a juncos extraños, a barro mineral, a madera mojada por años de orilla y a una brisa tan fría y amplia que parecía venir de otro mundo. En algunos sectores, la orilla no se veía como una playa terrestre, sino como franjas de piedra lisa y oscura, vetas minerales pálidas y plantas altas de tallos translúcidos que parecían beber luz además de agua. Y sobre el lago, aún bajo los restos de lluvia, varios arcoíris se curvaban a la vez, reflejándose sobre la inmensidad de Driguas como si el agua quisiera quedarse con una parte del cielo. Durante unos segundos, nadie habló.Ni siquiera Cloe.Fue Rosa quien rompió el silencio primero.—Parece un cuento —murmuró.Fran, sin apartar la vista, añadió por lo bajo:—Si aquí viven dragones, ahora mismo sí me lo creería.Selena, con el libro cerrado entre las manos, alzó apenas una ceja.—No hay registro fiable.—Eso no significa que no existan —respondió Cloe enseguida, ya recuperada.Mia soltó un suspiro.—Significa exactamente eso para una persona razonable.Pero ni ella sonó completamente convencida. El tamaño de Driguas no ayudaba a reírse de las leyendas. Todo allí era demasiado grande como para barrerlo con una carcajada. Más abajo empezaron a di…