Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje - Merl, corazón del condado

Autor: Barws | Género: Fantasía, aventura

Sinopsis de Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje

Despertar en un lugar que no reconoces ya es aterrador. Pero hacerlo en un cuerpo que no es el tuyo… en un mundo donde el cielo no sigue ninguna lógica… lo cambia todo. Sin un objetivo claro, sin una misión que cumplir, y sin respuestas sobre cómo llegó allí, un joven se ve obligado a avanzar en un entorno completamente desconocido. Lo que comienza como simple incertidumbre se transforma en algo más profundo: cada paso que da, cada persona que conoce y cada cosa que descubre, le muestran que este mundo no necesita un héroe… pero sí exige que tome decisiones. Guiado por alguien que parece conocerlo… pero que ya no lo reconoce como antes, deberá adaptarse a una realidad que no entiende, mientras poco a poco enfrenta una pregunta mucho más difícil que sobrevivir: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque en un mundo desconocido… no hay caminos ya definidos.

Merl, corazón del condado

Capítulo 15: Merl, corazón del condado El camino se volvió distinto después de dejar atrás Antion. No fue algo brusco, como el cambio entre las aldeas y el Bosque Vrim, ni tan evidente como la primera visión de Driguas. Fue más sutil que eso. La ruta se ensanchó poco a poco. La tierra se hizo más firme. Las rodadas, más profundas y más frecuentes. Los márgenes aparecían mejor cuidados, y cada cierto tramo se levantaban hitos de piedra con marcas grabadas, como si incluso el propio camino quisiera recordarles que ya no estaban viajando por sendas de aldeas, sino por una arteria del condado. Había más carros, más animales de carga, más viajeros, más comerciantes y más soldados. Incluso el ruido era distinto: ruedas, cascos, voces, pregones ambulantes y el zumbido de una actividad constante que no parecía descansar nunca del todo. Rosa fue la primera en comentarlo. —Cada vez hay más gente… No lo dijo con miedo, sino con esa mezcla de curiosidad y cautela que a veces la volvía casi adorable. Fran, que nunca dejaba escapar una ocasión de opinar, sonrió desde el borde del vagón. —Y aún no hemos llegado a lo bueno. Maltida bufó. —Tú siempre dices eso como si no pudiera terminar apareciendo una bestia de seis patas o un noble insoportable por culpa tuya. Martin, sin dejar de revisar una cuerda con la seriedad práctica que ya se había vuelto habitual en él, murmuró: —Cuando hasta el camino se siente más caro, es porque ya estamos entrando donde pesa el dinero de verdad. La frase arrancó un pequeño silencio. No porque Martin hubiera pretendido impresionar a nadie, sino porque había dado justo en el centro de algo que todos llevaban rato notando. El viaje se estaba abriendo. Y con él, el mundo. Fue en medio de esa sensación cuando apareció el gran puente. Al principio parecía una línea lejana, demasiado recta para ser natural. Luego empezó a levantar forma. Piedra. Arcos. Torres. Y cuanto más se acercaban, más absurdo resultaba. No parecía una obra hecha por manos humanas corrientes. Parecía el capricho de un reino entero intentando demostrarle al río que también la voluntad puede imponerse al paisaje. Nadie habló durante un momento. Ni siquiera Cloe. —No puede ser… —murmuró Rosa, como si al decirlo en voz alta el puente fuera a encogerse un poco. —Sí puede —respondió Karl, aunque él mismo no apartaba la vista de aquella mole de piedra. La fila para cruzarlo era larguísima. Había carros esperando, guardias controlando el paso, puestos militares, estandartes del conda…

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