CHOQUE DE CONTINENTES - recuerdos
Autor: JoaquínxD | Género: Acción, Artes Marciales, Suspenso.
Sinopsis de CHOQUE DE CONTINENTES
"13 países de Latinoamérica contra el resto del mundo. Un torneo prohibido donde el honor no existe y solo el instinto salvaje importa. De los galpones de Argentina a las sombras de Perú, los verdaderos demonios han despertado."
recuerdos
Capítulo 155: Recuerdos El cielo estaba completamente despejado. Un sol brillante e imponente iluminaba las alas del avión mientras este atravesaba las nubes con suavidad. Dentro de la cabina, Celeste bostezó cansada y se acomodó mejor en su asiento de piloto. Celeste: —Mamá... estoy cansada... Diana sonrió con ternura y le acarició el cabello con suavidad. Diana: —Ya falta poco para llegar, mija. Aguanta un poquito más. Celeste miró por el espejo retrovisor hacia la parte de atrás del avión. Celeste: —Parece que mis hermanos están todos recontra dormidos. Luego, observó detenidamente a los dos grandotes del equipo, que ocupaban varios asientos debido a su enorme tamaño. Celeste: —Y ellos dos... hasta me dan pena por la forma en que duermen. Diana se dio la vuelta en su asiento y los vio con sus propios ojos. García estaba completamente rendido, con la boca abierta y roncando sin ninguna vergüenza en medio del pasillo. A su lado, los demás muchachos dormían en posiciones igual de ridículas, vencidos por el cansancio del viaje. Diana soltó una carcajada limpia. Diana: —Ay, mija... no te imaginás cuánto tiempo tuve que aguantar yo todo esto. Las dos mujeres comenzaron a reírse despacito para no despertarlos, compartiendo un momento hermoso de madre e hija. Mientras tanto, en el fondo, García seguía profundamente dormido. Y en su mente, comenzó a soñar. Flashback - Muchos años atrás En Cuba. Un pequeño niño observaba fascinado la pantalla difusa de un viejo televisor de tubo. En la pantalla se transmitía una pelea histórica. Los ojos del pequeño brillaban con una intensidad única. Pero él no estaba mirando a cualquier peleador de la televisión. Estaba mirando fijamente a su propio padre. Su padre era un hombre fuerte, una mole que combatía sobre el ring con una valentía y un orgullo inquebrantables. Desde aquel preciso día, García se enamoró perdidamente de las peleas. El pequeño corría por toda la casa tirando golpes al aire, hablando emocionado de combates, estrategias y campeones mundiales. Intentó convencer a su madre una y otra vez con el mismo pedido. García (niño): —¡Quiero ser peleador igual que papá! ¡Quiero ser el mejor! Su madre siempre se preocupaba por los golpes, como toda mamá, pero en los ojos de su hijo veía exactamente la misma determinación de acero que había tenido su esposo. Con el paso del tiempo, su padre partió, pero le dejó mucho más que simples recuerdos en la memoria. Le dejó su viejo bote de pesca. Y también, le dejó su gran legado…