Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje - La noche bajo la catedral antigua

Autor: Barws | Género: Fantasía, aventura

Sinopsis de Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje

Despertar en un lugar que no reconoces ya es aterrador. Pero hacerlo en un cuerpo que no es el tuyo… en un mundo donde el cielo no sigue ninguna lógica… lo cambia todo. Sin un objetivo claro, sin una misión que cumplir, y sin respuestas sobre cómo llegó allí, un joven se ve obligado a avanzar en un entorno completamente desconocido. Lo que comienza como simple incertidumbre se transforma en algo más profundo: cada paso que da, cada persona que conoce y cada cosa que descubre, le muestran que este mundo no necesita un héroe… pero sí exige que tome decisiones. Guiado por alguien que parece conocerlo… pero que ya no lo reconoce como antes, deberá adaptarse a una realidad que no entiende, mientras poco a poco enfrenta una pregunta mucho más difícil que sobrevivir: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque en un mundo desconocido… no hay caminos ya definidos.

La noche bajo la catedral antigua

Capítulo 16: La noche bajo la catedral antigua La salida de Merl no tuvo nada de solemne, y quizá por eso mismo se sintió más pesada. No hubo despedidas ni últimas miradas largas hacia los muelles o hacia las calles de la ciudad. La caravana simplemente se puso en marcha cuando todavía quedaba frío de mañana en el aire, y las ruedas, los caballos y los pasos de tanta gente reunida terminaron haciendo el resto. Aun así, desde el primer tramo del camino se notaba que aquel día no era uno más del viaje. El ruido normal de una partida —correas ajustándose, carros crujiendo, alguien llamando a otro desde más atrás— seguía ahí, pero por debajo de todo latía otra cosa. Una tensión más fina. Más callada. Una especie de espera contenida que parecía ir de un carro a otro y de una persona a otra, como si nadie quisiera nombrarla demasiado fuerte por miedo a hacerla real antes de tiempo. Y, sin embargo, ya era real. Mañana. Nadie lo olvidaba. El camino se llenaba cada vez más según avanzaban. Familias completas, carretas de otras aldeas, mensajeros del reino, pequeños séquitos más arreglados que claramente no pertenecían a gente del campo, jóvenes vestidos con ropa nueva o prestada, madres inclinándose demasiado sobre sus hijos, padres silenciosos con la mandíbula apretada. No todos iban juntos, pero todos iban en la misma dirección. Eso era lo que más impresionaba a Jerwis. No la cantidad de personas, sino la sensación de corriente. Como si la ruta entera hubiese decidido desembocar en un solo sitio. Como si miles de vidas se estuvieran estrechando hacia un mismo punto por una sola razón. —Mañana es el día… —oyó murmurar a una mujer mientras pasaban junto a una carreta más vieja que la suya. No supo a quién se lo decía. Tampoco importaba. La frase quedó flotando en el aire como si perteneciera a todos. Durante un buen tramo el grupo guardó más silencio de lo habitual. No un silencio absoluto, ni incómodo, pero sí ese tipo de calma forzada que nace cuando todos están pensando demasiado y nadie quiere ser el primero en romperla con algo torpe. Al final fue Rosa, porque casi siempre acababa siendo Rosa quien preguntaba en voz alta lo que varios llevaban tempo sintiendo por dentro. —¿Y si no sale lo que queremos? Nadie respondió al instante. Fran abrió la boca primero, quizá porque el silencio le molestaba más que la pregunta, pero la volvió a cerrar. Clara miró hacia otro lado. Martin siguió pendiente del camino, como si la tierra pudiera darle una respuesta mejor que e…

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