Reencarne En Una Era Primitiva - Capítulo 16
Autor: Niuyee | Género: romance, harem Inverso, Harén fantasía
Sinopsis de Reencarne En Una Era Primitiva
Prólogo —¿Por qué todos están aquí? Zary abrió los ojos y observó el techo de piedra de su habitación. O mejor dicho, su enorme habitación. La habitación de la jefa de la ciudad. La habitación que compartía con cinco hombres imposiblemente guapos. Y, por desgracia, los cinco estaban presentes. —Porque es nuestra habitación —respondió una voz grave. Zary giró la cabeza. El hombre de cabello rojo y ojos escarlata estaba sentado junto a la cama, observándola con una sonrisa. —Llegué primero. —Mentira. La respuesta vino desde la ventana. El albino de ojos dorados descansaba tranquilamente apoyado contra la pared. —Yo llegué antes. —Ambos llegaron después de mí. El segundo albino, dueño de unos extraños ojos plateados, ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo. Una vena apareció en la frente de Zary. No eran niños. Eran líderes tribales. Guerreros legendarios. Los hombres más poderosos de todo el continente. Entonces, ¿por qué discutían como si tuvieran cinco años? —Zary. El hombre de cabello púrpura tomó una de sus manos. —¿Desayunaste? —Todavía no. —Perfecto. Cociné para ti. —Ella comerá lo que preparé yo. El hombre de cabello negro y ojos azules apareció detrás de él sosteniendo una bandeja. El silencio cayó sobre la habitación. Luego los cinco comenzaron a mirarse. Y la temperatura pareció descender varios grados. Zary cerró los ojos. Otra vez no. Otra vez estaban compitiendo. Otra vez porque ella había sonreído a uno más que a los demás. Otra vez porque uno había recibido un abrazo y los otros cuatro exigían el suyo. A veces se preguntaba cómo había terminado así. Porque años atrás todo era diferente. Muy diferente. Cuando abrió los ojos por primera vez en este mundo, no existían ciudades. No existían caminos. No existían hornos. No existían murallas. Ni siquiera existía una forma adecuada de conservar alimentos. Las tribus apenas comenzaban a dominar el fuego. Y ella... Ella solo era una chica común que había reencarnado accidentalmente en aquel mundo salvaje. Peor aún. Había reencarnado como la hermana menor de la futura villana. Una villana destinada a provocar incontables desgracias. Una villana llamada Lyra. En aquel entonces, Zary estaba convencida de que su vida sería difícil. Nunca imaginó que terminaría construyendo ciudades. Nunca imaginó que cambiaría el destino de las tribus. Nunca imaginó que recibiría un sistema misterioso. Y definitivamente jamás imaginó que acabaría con cinco esposos. —Zary. —¿Sí? Los cinco hombres la miraron al mismo tiempo. —¿A quién quieres más? La sonrisa de Zary desapareció. Otra vez esa pregunta. Siempre esa pregunta. Cada. Maldito. Día. Los cinco aguardaban la respuesta. Ella observó sus rostros expectantes. Y entonces suspiró. Tal vez construir una civilización había sido más fácil que lidiar con sus esposos. Mucho más fácil. Porque la historia de Zary no comenzó con una gran ciudad. Ni con riqueza. Ni con poder. Comenzó en una pequeña tribu primitiva. Cuando una chica de otro mundo abrió los ojos y descubrió que había renacido en el lugar menos esperado. Y que su destino estaba a punto de cambiar para siempre.
Capítulo 16
Capítulo 16: El Nacimiento de los Carruajes A la mañana siguiente, Zary despertó con una enorme sonrisa. La misión de infraestructura seguía ocupando sus pensamientos. Caminos. Transporte. Comercio. Todo estaba conectado. Y si quería que Luna Gris siguiera creciendo, necesitaba resolver un problema fundamental. Mover mercancías. Porque aunque la tribu producía cada vez más recursos, los aldeanos seguían transportándolo todo de la misma manera. Con sus brazos. A veces usando simples trineos de madera. Y nada más. Cuando llegó al mercado, observó a varios hombres cargando enormes sacos sobre sus espaldas. Otros arrastraban troncos pesados. Algunos comerciantes incluso caminaban durante días enteros con mercancías atadas al cuerpo. —Esto es terriblemente ineficiente. [Análisis correcto.] —Gracias. [De nada.] Zary decidió reunir a todos. Poco después, Lyra, Kael, Jared y varios aldeanos estaban frente a ella. —Tengo una nueva idea. —Ya empezamos —murmuró Kael. —Te escuché. —Era la intención. Algunos aldeanos soltaron pequeñas risas. Zary cruzó los brazos. —Necesitamos una forma mejor de transportar cosas. —¿Más eficiente que cargarlo uno mismo? —preguntó un cazador. —Muchísimo más eficiente. —¿Cómo? Zary señaló hacia un grupo de animales que pastaban cerca de la tribu. Eran caballos bestia domesticados. Se utilizaban ocasionalmente para montar, pero nada más. —Con ellos. Todos miraron los caballos. Luego volvieron a mirarla. Y después volvieron a mirar los caballos. —¿Los caballos pueden cargar mercancías? —Sí. —Ya lo hacen. —No de esta forma. Tomó una rama y comenzó a dibujar sobre la tierra. Una estructura de madera. Dos ruedas. Un eje. Un compartimento de carga. Y un sistema de arneses. Poco a poco apareció el diseño de un carruaje. El silencio fue absoluto. —¿Qué es eso? —preguntó Lyra. —Un carruaje. —¿Y para qué sirve? —Para que un caballo transporte más carga que diez personas juntas. Los aldeanos se quedaron congelados. Incluso Jared abrió ligeramente los ojos. Como comerciante comprendió inmediatamente la importancia de aquella idea. —Espera... —¿Sí? —¿Quieres decir que podremos mover mercancías sin cargarla nosotros? —Exactamente. Jared observó el dibujo. Luego volvió a observarlo. Y nuevamente. —Eso revolucionaría el comercio. —Lo sé. Por primera vez desde que llegó a Luna Gris, el comerciante parecía verdaderamente impactado. Mientras tanto, Kael observaba a Zary con una mezcla de admiración y resignación. Porque otra vez estaba haciendo algo imposi…