Wind: El viento de la esperanza - Cómo si el tiempo se detuviera
Autor: Kuro Usagi | Género: Acción, Fantasía, Reencarnación
Sinopsis de Wind: El viento de la esperanza
Un ser ha robado el poder de los antiguos Custodios, entidades que protegían los pilares del universo, desatando el caos a través de las líneas del tiempo. Su nombre es Necroid, el falso Custodio de la Realidad. Y sin saberlo, una adolescente está destinada a detenerlo. En cada línea del tiempo, en cada mundo posible, Wind siempre existe. Y en cada uno, su destino es el mismo: enfrentar al invasor del multiverso, al destructor de todo lo que pudo haber sido. Cargando con un poder que nunca pidió, Wind posee el legado de los antiguos Custodios. Dos de ellos han depositado en ella lo último que les queda. A través de batallas devastadoras, traiciones, pérdidas y reencuentros, Wind deberá descubrir quién es en realidad… Y hasta dónde puede llegar una chica con el peso del multiverso sobre sus hombros.
Cómo si el tiempo se detuviera
Las vacaciones estaban por terminar, y con ellas, la promesa que Nate había estado posponiendo durante semanas. Así que, finalmente, con los nervios revolviéndole el estómago, le envió un mensaje a Wind: “¿Te gustaría salir conmigo mañana?” Ella tardó menos de un minuto en responder: “¿Creíste que ibas a librarte de eso? ¡Claro que sí!” La cita comenzó una tarde soleada, con el cielo claro y una ligera brisa que parecía estar de su lado. Wind se había puesto uno de sus vestidos favoritos: uno sencillo de tirantes, color celeste, con su cabello recogido en una coleta alta. Ray la despidió desde la puerta del apartamento como si se fuera a la guerra. —Cuida a mi niña, Nate —dijo con cara seria—. Y vuelve antes del anochecer o me verás en modo "berserker". Nate tragó saliva. —¡Sí señor! Primero caminaron por el centro de la ciudad, observando los escaparates y riéndose de los maniquíes ridículos en una tienda de ropa deportiva. Wind hacía imitaciones exageradas de los anuncios y Nate casi se cae de la risa. Después se detuvieron en un puesto callejero de comida que vendía brochetas. —¿Y si nos enfermamos? —preguntó Nate. —Más riesgo hay enfrentando monstruos de sombra, ¿no crees? —Tienes un punto. Pidieron dos porciones, y Wind no paró de añadir picante a la suya mientras Nate la miraba horrorizado. —¿Tienes lengua de dragón? —Tal vez. Siguieron caminando, cuando de repente, en una esquina, un perro callejero se acercó moviendo la cola, Wind se agachó inmediatamente, acariciándolo con ternura. —Hola, peludo. ¿Estás solito? El perro se dejó mimar, lamiéndole la mano con gratitud, Nate miró la escena en silencio, y por un momento, como si el tiempo se detuviera, pensó que nunca había visto a alguien tan llena de luz como Wind. —Oye, no me mires así —dijo ella sonrojándose—. Me sonrojas. —Es que… te ves tan linda... Ella le dio un codazo, aunque no pudo ocultar su sonrisa. Cuando empezó a oscurecer, caminaron de regreso en silencio, no por incomodidad, sino porque las palabras se habían vuelto innecesarias. Al llegar al edificio, Wind se detuvo frente a la puerta. —Gracias por hoy, me divertí más de lo que imaginaba. —Yo también, aunque… me debes otra cita. La próxima vez yo elijo el lugar. —¿Incluye brochetas? —Solo si no intentas hacerme comer picante. Ambos rieron, y por un momento, se quedaron allí, bajo la tenue luz del farol del vecindario, con los corazones acelerados. Nate se inclinó apenas, como si pensara decir algo más… pero no hizo falta. Wind se ade…