CHOQUE DE CONTINENTES - presencia

Autor: JoaquínxD | Género: Acción, Artes Marciales, Suspenso.

Sinopsis de CHOQUE DE CONTINENTES

"13 países de Latinoamérica contra el resto del mundo. Un torneo prohibido donde el honor no existe y solo el instinto salvaje importa. De los galpones de Argentina a las sombras de Perú, los verdaderos demonios han despertado."

presencia

Capítulo 162: Presencia El sol de la tarde pintaba el cielo de un intenso color naranja. Los pájaros cruzaban el aire en bandadas mientras la ciudad centroamericana seguía llena de vida, ruido y movimiento. La gente caminaba de un lado a otro por las veredas. Compraba en los locales. Hablaba animadamente. Y reía con ganas. Pero, poco a poco, algo extraño cambió en el ambiente. Las conversaciones de la gente comenzaron a apagarse de golpe. Las miradas de los peatones se desviaron, casi por instinto, hacia un mismo lugar de la avenida. Un silencio pesado y poco común se extendió rápidamente por toda la calle. Al notar el repentino cambio en el aire, Andrés frunció el ceño, intrigado. Andrés: —¿Qué pasó de golpe? Miró con desconfianza a su alrededor, analizando el entorno. Andrés: —¿Por qué nadie habla ahora? ¿Qué es este silencio? Observó a varias personas quedarse completamente quietas en sus puestos. Algunos comerciantes dejaron de gritar sus ofertas del día a los clientes. Incluso los niños que jugaban cerca dejaron de correr de un momento a otro. Andrés sintió un frío escalofrío recorrerle toda la espalda, erizándole la piel. Andrés: —No me gusta para nada esto... Se tocó instintivamente el centro del pecho con la mano derecha. Su corazón latía mucho más rápido de lo normal, como si estuviera ante un peligro inminente. Andrés: —¿De dónde carajos viene esta tremenda presencia? ¿Qué es esta presión? Respiró hondo, tratando de recuperar el control de su cuerpo. Andrés: —Cálmate, idiota... —se dijo a sí mismo en voz baja—. Miró hacia todos lados con los ojos entrecerrados—. No me digas que te estás asustando por una pavada. Pero su propio instinto de peleador callejero seguía gritándole con fuerza dentro de su cabeza. Algo enorme venía marchando hacia él. Y era extremadamente peligroso. Mientras tanto... Unas cuadras más atrás, junto al imponente avión privado. Celeste estiró los brazos con pereza, descontracturándose después de la maniobra de aterrizaje. Celeste: —Bueno, ma, me toca quedarme aquí a cuidar la nave. Diana sonrió con dulzura, acomodándole el pelo a su hija. Diana: —Y a mí me toca disfrutar de un lindo tiempo con mi hija querida aquí abajo. En ese instante, los dos pequeños del grupo levantaron las manos al mismo tiempo, reclamando atención. Niños: —¡Y con nosotros también! ¡No te olvides de nosotros! Celeste soltó un suspiro divertido, rindiéndose ante la ternura de sus hermanitos. Celeste: —Sí, sí, está bien... también con ustedes, traviesos.…

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