CHOQUE DE CONTINENTES - LA MARCA DEL PASADO

Autor: JoaquínxD | Género: Acción, Artes Marciales, Suspenso.

Sinopsis de CHOQUE DE CONTINENTES

"13 países de Latinoamérica contra el resto del mundo. Un torneo prohibido donde el honor no existe y solo el instinto salvaje importa. De los galpones de Argentina a las sombras de Perú, los verdaderos demonios han despertado."

LA MARCA DEL PASADO

CAPÍTULO 18: LA MARCA DEL PASADO (LOS QUE NO VOLVIERON - PARTE 4) ​La puerta de la oficina tecnológica se abre con un chirrido pesado. El hombre mayor se levanta de su sillón de cuero, y el sonido de su bastón contra el suelo de mármol marca un ritmo fúnebre. ​TAC… TAC… TAC… ​Sale de la habitación oscura, dejando atrás las pantallas. Un joven asistente, Manuel, lo sigue apurado, casi tropezando. — Señor… ¿por qué salimos así? ¿Qué pasó? Cuénteme algo… ​El viejo no se detiene. Su sombra se alarga en el pasillo infinito. — Manuel… —hace una pausa dramática—. ¿Alguna vez te conté de dónde viene esta cicatriz? —Se toca la cara, donde una marca profunda y rugosa le cruza el rostro de arriba abajo. Manuel niega con la cabeza, pálido. — No, señor… ​El viejo, a quien llaman José, deja escapar una sonrisa que no tiene nada de tranquila. Es una mueca llena de fantasmas. — En mi época… hubo un peleador argentino. —El silencio que sigue es sepulcral—. Ese hombre… me hizo esto. ​Señala la cicatriz con un dedo tembloroso por la rabia acumulada. Su voz baja hasta convertirse en un susurro cargado de veneno. — Todavía lo recuerdo. Esa pelea… ese tipo no era un ser humano normal. Era un animal. ​Manuel traga saliva, sintiendo el frío del pasillo. — ¿Tan fuerte era…? ​José sigue caminando, sus ojos perdidos en recuerdos de hace décadas. — No le gustó ver caer a sus compañeros. Cuando entró a la arena… el aire cambió. No escuché sus pasos, Manuel. Solo vi mi propia sangre caer al suelo. Y después… solo oscuridad. ​Se detiene en seco. Aprieta el puño sobre el mango de plata de su bastón. — Lo vi parado frente a mí, como un demonio. Estaba listo para rematarme, para terminar el trabajo. El árbitro me salvó la vida esa noche… —Se toca la marca de nuevo—. Pero no pudo evitar esto. Estas marcas todavía me queman cuando cambia el clima. ​Manuel lo mira con los ojos abiertos de par en par, procesando que su jefe, uno de los hombres más poderosos del mundo, fue humillado así. — ¿Quién era… ese hombre, señor? ​José levanta la mirada. Sus ojos, antes apagados, ahora brillan con un odio puro y renovado. — Su nombre… —hace una pausa que parece eterna—. Es Matías. ​El silencio en el pasillo se vuelve pesado, casi físico. José retoma la marcha, con un paso más decidido. — Y van a venir. Van a pensar que este es su patio de juegos otra vez. ​Su mirada se vuelve fría y calculadora, la mirada de alguien que pasó años planeando una emboscada. — Pero esta vez, las reglas las ponemos nosotros. …

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