Reencarne En Una Era Primitiva - Capítulo 18

Autor: Niuyee | Género: romance, harem Inverso, Harén fantasía

Sinopsis de Reencarne En Una Era Primitiva

Prólogo —¿Por qué todos están aquí? Zary abrió los ojos y observó el techo de piedra de su habitación. O mejor dicho, su enorme habitación. La habitación de la jefa de la ciudad. La habitación que compartía con cinco hombres imposiblemente guapos. Y, por desgracia, los cinco estaban presentes. —Porque es nuestra habitación —respondió una voz grave. Zary giró la cabeza. El hombre de cabello rojo y ojos escarlata estaba sentado junto a la cama, observándola con una sonrisa. —Llegué primero. —Mentira. La respuesta vino desde la ventana. El albino de ojos dorados descansaba tranquilamente apoyado contra la pared. —Yo llegué antes. —Ambos llegaron después de mí. El segundo albino, dueño de unos extraños ojos plateados, ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo. Una vena apareció en la frente de Zary. No eran niños. Eran líderes tribales. Guerreros legendarios. Los hombres más poderosos de todo el continente. Entonces, ¿por qué discutían como si tuvieran cinco años? —Zary. El hombre de cabello púrpura tomó una de sus manos. —¿Desayunaste? —Todavía no. —Perfecto. Cociné para ti. —Ella comerá lo que preparé yo. El hombre de cabello negro y ojos azules apareció detrás de él sosteniendo una bandeja. El silencio cayó sobre la habitación. Luego los cinco comenzaron a mirarse. Y la temperatura pareció descender varios grados. Zary cerró los ojos. Otra vez no. Otra vez estaban compitiendo. Otra vez porque ella había sonreído a uno más que a los demás. Otra vez porque uno había recibido un abrazo y los otros cuatro exigían el suyo. A veces se preguntaba cómo había terminado así. Porque años atrás todo era diferente. Muy diferente. Cuando abrió los ojos por primera vez en este mundo, no existían ciudades. No existían caminos. No existían hornos. No existían murallas. Ni siquiera existía una forma adecuada de conservar alimentos. Las tribus apenas comenzaban a dominar el fuego. Y ella... Ella solo era una chica común que había reencarnado accidentalmente en aquel mundo salvaje. Peor aún. Había reencarnado como la hermana menor de la futura villana. Una villana destinada a provocar incontables desgracias. Una villana llamada Lyra. En aquel entonces, Zary estaba convencida de que su vida sería difícil. Nunca imaginó que terminaría construyendo ciudades. Nunca imaginó que cambiaría el destino de las tribus. Nunca imaginó que recibiría un sistema misterioso. Y definitivamente jamás imaginó que acabaría con cinco esposos. —Zary. —¿Sí? Los cinco hombres la miraron al mismo tiempo. —¿A quién quieres más? La sonrisa de Zary desapareció. Otra vez esa pregunta. Siempre esa pregunta. Cada. Maldito. Día. Los cinco aguardaban la respuesta. Ella observó sus rostros expectantes. Y entonces suspiró. Tal vez construir una civilización había sido más fácil que lidiar con sus esposos. Mucho más fácil. Porque la historia de Zary no comenzó con una gran ciudad. Ni con riqueza. Ni con poder. Comenzó en una pequeña tribu primitiva. Cuando una chica de otro mundo abrió los ojos y descubrió que había renacido en el lugar menos esperado. Y que su destino estaba a punto de cambiar para siempre.

Capítulo 18

Capítulo 18: El Aroma del Pan La mañana siguiente a la inauguración del molino de viento comenzó con una Zary extraordinariamente emocionada. Toda la noche había estado revisando las recetas de pan que el sistema le había otorgado como recompensa. Aunque para ella el pan era algo común y corriente de su vida anterior... Para el Continente Bestia era algo completamente desconocido. Y eso hacía que la situación fuera bastante divertida. —Sistema. [Presente.] —¿Cuántas recetas me diste? [Veintitrés variedades básicas de pan.] —¿Veintitrés? [Correcto.] —Creo que empezaré con una. [Decisión prudente.] —Gracias. [De nada.] Zary sonrió. Últimamente ya estaba acostumbrándose a las respuestas del sistema. Poco después reunió a varios aldeanos cerca del molino. Lyra llegó primero. Como siempre. Luego apareció Kael. Y unos minutos después Jared. —¿Qué vamos a aprender hoy? —preguntó Lyra. —Algo llamado pan. —¿Pan? —Sí. —¿Es rico? —Muchísimo. Los ojos de Lyra brillaron inmediatamente. La respuesta era exactamente lo que quería escuchar. Mientras tanto, varios aldeanos comenzaron a acercarse. La noticia de que Zary iba a cocinar otra vez se había extendido rápidamente. Y después de las comidas anteriores... Nadie quería perderse el espectáculo. Zary comenzó mostrando la harina producida por el molino. Luego añadió agua limpia. Una pequeña cantidad de sal comprada secretamente al sistema. Y comenzó a mezclar. Los aldeanos observaban atentamente. —Parece barro. —Sí parece barro. —¿Seguro que eso es comida? —Confíen en mí. Aquella frase ya se había convertido prácticamente en el lema oficial de Luna Gris. Después de todo, cada vez que Zary la decía terminaba ocurriendo algo increíble. Una vez preparada la masa, comenzó a enseñar el resto del proceso. Amasar. Dar forma. Preparar el horno. Esperar. Y entonces ocurrió. El aroma. Poco a poco una fragancia cálida y deliciosa comenzó a extenderse por toda la aldea. La reacción fue inmediata. —¡¿Qué es ese olor?! —¡Huele increíble! —¡Tengo hambre! —¡Yo también! Los niños aparecieron corriendo desde distintos puntos de la tribu. Incluso varios comerciantes visitantes abandonaron sus puestos para acercarse. Jared observó la escena divertido. —Creo que acabas de atraer a media tribu. —Solo a media. —La otra mitad viene en camino. Y tenía razón. Cuando el pan estuvo listo, prácticamente toda Luna Gris estaba reunida alrededor del horno. Lo que nadie esperaba era la cantidad. Muchísima cantidad. Porque siguiendo las instrucciones de …

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