Wind: El viento de la esperanza - Una semana sin adultos (más o menos)
Autor: Kuro Usagi | Género: Acción, Fantasía, Reencarnación
Sinopsis de Wind: El viento de la esperanza
Un ser ha robado el poder de los antiguos Custodios, entidades que protegían los pilares del universo, desatando el caos a través de las líneas del tiempo. Su nombre es Necroid, el falso Custodio de la Realidad. Y sin saberlo, una adolescente está destinada a detenerlo. En cada línea del tiempo, en cada mundo posible, Wind siempre existe. Y en cada uno, su destino es el mismo: enfrentar al invasor del multiverso, al destructor de todo lo que pudo haber sido. Cargando con un poder que nunca pidió, Wind posee el legado de los antiguos Custodios. Dos de ellos han depositado en ella lo último que les queda. A través de batallas devastadoras, traiciones, pérdidas y reencuentros, Wind deberá descubrir quién es en realidad… Y hasta dónde puede llegar una chica con el peso del multiverso sobre sus hombros.
Una semana sin adultos (más o menos)
Durante una semana, Raymond y Sora estuvieron ausentes. No muy lejos, claro, solo se habían tomado su merecida luna de miel, pero por precaución decidieron no alejarse demasiado. Nunca se sabía cuándo el peligro volvería a tocar a la puerta. Los padres de Sora se quedaron en el apartamento para cuidar de Wind, algo que ella no se esperaba… y que terminó disfrutando más de lo que habría admitido en voz alta. —¡Mi nieta está creciendo tan rápido! —decía la madre de Sora mientras intentaba peinar el rebelde cabello de Wind como si se tratara de una muñeca de porcelana. —¿Qué quieres de desayuno, cariño? —preguntaba el abuelo con una sonrisa cada mañana, como si Wind fuera una princesa que visitaba su castillo por primera vez. Y aunque Wind era una chica que podía derribar paredes de un puñetazo, no se resistió a los mimos, era la primera vez en mucho tiempo que se sentía tan… cuidada. En la escuela, no perdió oportunidad de presumir su nuevo título familiar. —¡Ahora tengo abuelos! —dijo en cuanto vio a Nate, Lía y Aren. —Lo sabemos… ya es la cuarta vez que lo mencionas —bromeó Nate, mientras Lía se reía. Wind les contó sobre los desayunos gigantes, las historias del abuelo y los regalitos sorpresa de la abuela. Incluso mencionó el nuevo set de brochas de maquillaje que, según ella, “eran casi mágicas”. —Te ves feliz, Wind —comentó Lía con una sonrisa sincera. —Lo estoy —respondió Wind sin dudar. Y lo decía en serio. La semana pasó sin monstruos, sin entrenamientos, sin alertas a medianoche, una semana simple, tranquila, normal. Wind, acostumbrada a la intensidad, se sorprendió a sí misma disfrutando de esa calma. Mientras tanto, en los pasillos de la secundaria, la vida seguía su curso: nuevas parejas se formaban, otras rompían, las tareas se acumulaban y los rumores volaban como de costumbre. Y en medio de todo, la relación entre Lía y Aren seguía fortaleciéndose. Salían al cine, al parque, a comer, se enviaban mensajes cursis y aunque Aren seguía siendo algo reservado, Lía sabía sacarle sonrisas sinceras. —Vimos esa película que a ti te gusta —le contó Lía a Wind—. Él fingió no llorar, pero se le notaban los ojos rojos. —¡No lloré! —se defendió Aren cuando apareció por detrás del grupo. —Claro, todos te creemos, ¿no? —bromeó Nate. Rieron los cuatro. Estaban cómodos juntos, confiaban los unos en los otros y, sin notarlo, ya formaban algo parecido a una familia. Una tarde, mientras hacían tarea en el apartamento, la abuela de Wind les llevó chocolate caliente…