CHOQUE DE CONTINENTES - el tiempo es vital
Autor: JoaquínxD | Género: Acción, Artes Marciales, Suspenso.
Sinopsis de CHOQUE DE CONTINENTES
"13 países de Latinoamérica contra el resto del mundo. Un torneo prohibido donde el honor no existe y solo el instinto salvaje importa. De los galpones de Argentina a las sombras de Perú, los verdaderos demonios han despertado."
el tiempo es vital
Capítulo 190: El tiempo es vital La isla del torneo seguía viva. Las máquinas trabajaban sin descanso, los martillazos resonaban por toda la estructura y los obreros corrían de un lado a otro. Cada minuto contaba; cada segundo importaba. Sobre la enorme arena de combate había algo nuevo: un gigantesco reloj. Los números descendían lentamente, implacables, sin detenerse y sin esperar a nadie. En una oficina cercana, José estaba sentado frente a su escritorio. Miraba por la ventana directamente al reloj. Se llevó una mano a la cara. —Qué dolor de cabeza... —Suspiró—. Cuando abré ese maldito mensaje de la computadora se congeló medio mundo. Miró nuevamente el reloj; los números seguían bajando segundo tras segundo. —And ahora este maldito reloj me pone todavía más estresado. Se levantó de la silla y caminó hasta la ventana. Observó la arena casi terminada: las torres, las gradas, los pasillos... Todo estaba avanzando más rápido que nunca. —Pensé que tenía bastante tiempo... Pensé que la arena todavía necesitaba mucho trabajo. —Negó con la cabeza—. Estaba demasiado tranquilo. Pero a mi jefe se le ocurrió una idea de mierda. Volvió a mirar el enorme contador. —¿Quién pone un reloj gigante arriba de la arena? ¿Quién hace eso? —Se cruzó de brazos—. Y encima lo tengo enfrente de mi oficina. Ni un minuto puedo estar tranquilo. José imaginó a Enzo, sentado en su barco, disfrutando del mar, tomando algo frío y riéndose de todo. Y eso solamente logró hacerlo enojar más. —Jefe... parece que le gusta jugar conmigo. —Se dejó caer nuevamente sobre la silla. Mientras tanto, muy lejos de allí, el reloj seguía avanzando sin detenerse. José observó los números y, por primera vez, sintió algo incómodo: presión. Porque sabía algo muy importante. Latinoamérica tenía diez peleadores. Europa tenía diez peleadores. Y ambos equipos todavía necesitaban tres más. Tres. Solamente tres. Pero el tiempo corría, y cada segundo perdido podía cambiarlo todo. José cerró los ojos unos instantes y respiró profundo. Cuando volvió a abrirlos, ya no estaba relajado. Volvió a ser el organizador, el cazador de representantes, el hombre que tenía que completar un equipo. —Tengo que apurarme. Tomó una carpeta, la abrió y comenzó a revisar nombres, países, informes y fotografías. Todo servía; todo podía ayudar. Porque ahora entendía algo fundamental. El enemigo ya no era Latinoamérica, el enemigo tampoco era Europa. El verdadero enemigo estaba encima de la arena. Gigante, silencioso y avanzando sin det…