El Destino de los Exorcistas Gemelos. - La Danza de la Sangre y el Oro

Autor: Zero012 | Género: Fantasía oscura, Acción sobrenatural, Enemies-to-lovers (Romance de enemigos a amantes), Drama psicológico.

Sinopsis de El Destino de los Exorcistas Gemelos.

En un mundo donde el "Abismo de la Sombra" devora la realidad, el Consejo de los Doce mantiene un control absoluto mediante el miedo y la manipulación. Ren, un exorcista marcado por una energía carmesí destructiva, y Aria, una prodigio de energía dorada, son forzados a una unión de "resonancia perfecta" para servir como armas del sistema. Sin embargo, su rivalidad oculta una verdad devastadora: ambos fueron creados en laboratorio, diseñados como recipientes humanos para sellar un mal antiguo. Tras descubrir que sus propios padres fueron los arquitectos de su prisión, Ren y Aria deciden dejar de ser herramientas. Ahora, bajo la fachada de soldados leales, inician una rebelión clandestina desde las sombras de la academia para desmantelar la organización que les arrebató su humanidad y su pasado.

La Danza de la Sangre y el Oro

Capítulo 2: La Danza de la Sangre y el Oro El Corrompido se desplomó como un meteorito sobre el pavimento del patio, resquebrajando el suelo de piedra. Su rugido fue un sonido gutural que desgarró los tímpanos, una mezcla grotesca de lamentos humanos y el crujido metálico de algo que nunca debió existir. La criatura, una amalgama de tentáculos viscosos y ojos inyectados en bilis negra, lanzó un ataque lateral con una velocidad que desafiaba su tamaño. Aria se movió con la fluidez mecánica de una bailarina de guerra. Su abanico, reforzado con jade sagrado, se abrió con un chasquido cortante. Con un giro preciso de muñeca, interceptó el golpe, devolviendo una descarga de energía dorada que incineró parte de la extremidad del engendro, obligándolo a retroceder entre gruñidos de dolor. —¡Es demasiado rápido! ¡No bajes la guardia, Ren! —gritó Aria. Su voz era fría, carente de miedo, pero tensa, filtrando una exigencia de perfección que empezaba a calar en los nervios de su compañero—. ¡El núcleo! ¡Está en el centro de su pecho, protegido por capas de miasma! ¡Golpéalo ahora! Ren, sin embargo, no respondía a las órdenes. Se lanzó hacia adelante sin una estrategia clara, su aura carmesí chisporroteando violentamente como un fuego fatuo fuera de control. Sus movimientos eran crudos, brutales, destilando la frustración de tres años de inactividad forzada. Cada vez que golpeaba el aire o la piel coriácea del monstruo, su energía roja dejaba quemaduras profundas, pero también le restaba una cantidad peligrosa de vitalidad. —¡Deja de decirme qué hacer! —rugió Ren mientras estrellaba su puño contra la defensa del Corrompido. La explosión resultante fue ensordecedora, enviando ondas de choque que hicieron que los ventanales de los edificios adyacentes estallaran en mil pedazos. El monstruo chilló, una frecuencia sonora que hizo que Ren perdiera el equilibrio por un segundo. La criatura aprovechó la abertura, lanzando a Ren por los aires con un latigazo contundente. El chico aterrizó rodando, sus botas excavando surcos profundos en el patio, antes de detenerse al borde de un banco de piedra. Antes de que el Corrompido pudiera rematarlo, Aria se materializó a su lado, sus pies apenas tocando el suelo. Con un movimiento rápido y autoritario, atrapó a Ren por el cuello de la chaqueta y lo impulsó con fuerza hacia el costado de la criatura. —¡Estamos perdiendo la oportunidad! —exclamó ella, sus ojos dorados brillando con una intensidad que parecía consumir el oxígeno a su al…

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