Wind: El viento de la esperanza - Una linea entre tantas
Autor: Kuro Usagi | Género: Acción, Fantasía, Reencarnación
Sinopsis de Wind: El viento de la esperanza
Un ser ha robado el poder de los antiguos Custodios, entidades que protegían los pilares del universo, desatando el caos a través de las líneas del tiempo. Su nombre es Necroid, el falso Custodio de la Realidad. Y sin saberlo, una adolescente está destinada a detenerlo. En cada línea del tiempo, en cada mundo posible, Wind siempre existe. Y en cada uno, su destino es el mismo: enfrentar al invasor del multiverso, al destructor de todo lo que pudo haber sido. Cargando con un poder que nunca pidió, Wind posee el legado de los antiguos Custodios. Dos de ellos han depositado en ella lo último que les queda. A través de batallas devastadoras, traiciones, pérdidas y reencuentros, Wind deberá descubrir quién es en realidad… Y hasta dónde puede llegar una chica con el peso del multiverso sobre sus hombros.
Una linea entre tantas
No caí, no floté; simplemente… aparecí. El cambio fue tan abrupto que me dolió respirar, una punzada familiar que me recorre cada vez que esto sucede. Pasé del blanco absoluto de la sala de los Custodios al gris melancólico de un cielo nublado. Olía a tierra húmeda y a algo quemado, ese aroma metálico que deja la lluvia justo después de un incendio. Estaba de pie en medio de una calle vacía. Las casas eran bajas, las farolas parpadeaban con un zumbido eléctrico y todo parecía normal… demasiado normal. Miré mis manos. —Otra vez este cuerpo… —murmuré. Mis dedos eran más delgados, mi estatura menor. El reflejo en la ventana de un coche abandonado me devolvió la cara de una chica de quince años; la misma de todas las veces. Los Custodios dicen que es la edad mínima a la que pueden devolverme, el punto en el que el destino me congeló para este viaje. Es como si cada batalla tuviera que repetirse desde el mismo punto de partida, dándome el tiempo justo para reencontrar a mi familia y prepararme para el enemigo. ¿Dónde estoy? La pregunta era inútil. Ya sabía la respuesta: otra línea, otro mundo, otra yo. Pero esta vez, las reglas eran claras. Antes de ser arrojada aquí, las voces de cristal me grabaron lo esencial en la mente: “Encuentra a tu familia. Protégelos. No les digas quién eres. Y no mueras... otra vez.” Más fácil decirlo que hacerlo. Caminé por las calles vacías de este pequeño vecindario. Un mapa se formaba lentamente en mi cabeza, reconstruido por la memoria residual que cada salto me dejaba. Conocía estas grietas en el pavimento, estas esquinas. Era la ciudad donde nací… o al menos, una versión de ella. Y si todo seguía el patrón, él también estaría cerca: mi tío. O mejor dicho, mi papá. Al menos así fue como yo decidí verlo. Él tenía solo diez años cuando escapamos juntos; yo apenas era una recién nacida en sus brazos. Ray nunca fue para mí un tío biológico, ni siquiera un hermano mayor. Fue mi todo. Me alimentó, me enseñó a caminar, a hablar… y finalmente, a luchar. Y ahora, en esta línea, él todavía no tiene idea de quién soy yo. Lo encontré en el parque, sentado en el columpio más alejado. Llevaba una chaqueta demasiado grande para su cuerpo delgado. Diez años, como siempre. Sus ojos miraban el suelo y su sombra se alargaba bajo la luz artificial de una farola. Me acerqué despacio, tratando de que mis pisadas no sonaran a amenaza. —¿Estás solo? —pregunté. Mi voz sonó extraña en mi propia garganta, demasiado joven para todo lo que re…