CHOQUE DE CONTINENTES - EL REGRESO DEL TRIDENTE

Autor: JoaquínxD | Género: Acción, Artes Marciales, Suspenso.

Sinopsis de CHOQUE DE CONTINENTES

"13 países de Latinoamérica contra el resto del mundo. Un torneo prohibido donde el honor no existe y solo el instinto salvaje importa. De los galpones de Argentina a las sombras de Perú, los verdaderos demonios han despertado."

EL REGRESO DEL TRIDENTE

CAPÍTULO 21: EL REGRESO DEL TRIDENTE (LOS QUE NO VOLVIERON - PARTE 7) ​Montevideo, Uruguay. Noche. Las luces de la capital uruguaya se reflejan en el asfalto mojado. Entre las sombras de la ciudad, dos figuras caminan con una tranquilidad que desentona con el peligro que las rodea. Un hombre mayor, con pasos erráticos, y un joven de mirada afilada. ​— Maestro… nos están siguiendo —susurra Agustín, el joven uruguayo, sin girar la cabeza—. Hay gente pegada a nosotros desde hace tres cuadras. ​El hombre a su lado, Bruno, deja escapar una sonrisa leve mientras le da un trago a una botella que lleva como si fuera su tesoro más preciado. — Tranquilo, muchacho. Vamos a llevarlos a un callejón. Ahí vamos a conseguir exactamente lo que estamos buscando. ​Agustín suspira, resignado a la locura de su mentor. — Usted no cambia más, maestro… pero bueno, vamos. ​Doblan una esquina oscura y se internan en un callejón sin salida. Silencio absoluto. Los pasos de los perseguidores se detienen en la entrada, confundidos. — ¿Dónde están? Hace un segundo estaban acá… —dice uno de los hombres de traje, buscando en la penumbra. ​Demasiado tarde. Desde lo alto de un contenedor de basura, una sombra cae como un rayo. ¡BAM! Agustín aterriza sobre el primero, reventándolo contra el suelo con un impacto seco. El otro apenas tiene tiempo de reaccionar cuando ve a su compañero fuera de combate. — Listo, maestro. El mío ya cayó —dice Agustín, limpiándose el polvo—. ¿Y usted? ¿Necesita una mano? ​Bruno sigue de pie, tambaleándose un poco, con la botella en la mano y una calma desesperante. — Dejame divertirme un poco más, pibe… esto recién empieza. ​El atacante, desesperado, se lanza con golpes rápidos y violentos. Pero Bruno se mueve de forma extraña. Se inclina, se tambalea, parece que se va a caer, pero esquiva cada puñetazo con una fluidez sobrenatural. Es el estilo del borracho. Toma otro trago largo. — ¿Eso es todo lo que traen los europeos ahora? Qué decepción. ​El tipo lanza un golpe final, pero Bruno se agacha y, en un parpadeo, desata el caos. ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! ¡PUM! Ocho golpes quirúrgicos y seguidos estallan en la cara del agresor. Uno tras otro, sin dejarle ni un segundo para respirar. El hombre cae como un fardo de papas. Bruno se acomoda la ropa con parsimonia. — Bueno… hay que verse bien frente a los nuevos alumnos, ¿no? ​Agustín revisa los bolsillos de los cuerpos mientras el silencio vuelve al callejón. — Maestro… tenía razón. Mire esto. —Saca un…

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