Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje - Camino a la piedra vieja V2
Autor: Barws | Género: Fantasía, aventura
Sinopsis de Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje
Despertar en un lugar que no reconoces ya es aterrador. Pero hacerlo en un cuerpo que no es el tuyo… en un mundo donde el cielo no sigue ninguna lógica… lo cambia todo. Sin un objetivo claro, sin una misión que cumplir, y sin respuestas sobre cómo llegó allí, un joven se ve obligado a avanzar en un entorno completamente desconocido. Lo que comienza como simple incertidumbre se transforma en algo más profundo: cada paso que da, cada persona que conoce y cada cosa que descubre, le muestran que este mundo no necesita un héroe… pero sí exige que tome decisiones. Guiado por alguien que parece conocerlo… pero que ya no lo reconoce como antes, deberá adaptarse a una realidad que no entiende, mientras poco a poco enfrenta una pregunta mucho más difícil que sobrevivir: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque en un mundo desconocido… no hay caminos ya definidos.
Camino a la piedra vieja V2
Capítulo 23 — Camino a la piedra vieja Salieron antes del amanecer como quien se marcha a hacer algo que no termina de caber dentro de una palabra sencilla. No era un viaje. No del todo. Tampoco una aventura todavía, porque la palabra aventura seguía sonando demasiado limpia para lo poco preparados que estaban. Llevaban provisiones contadas, agua justa, vendas, una lámpara aceptable, cuerda, virotes, la lanza modesta de Mirellis, la espada de Jerwis, la ballesta de Alren, frascos de Clara, hilo, agujas y tijeras de Elna, los cuchillos ligeros de Cloe y el orgullo herido de Ardelith von Armonis Crait, que a esas alturas ya era casi una pieza más del equipo. La ciudad aún estaba a medio despertar cuando dejaron atrás la posada. Las calles olían a pan recién metido al horno, estiércol húmedo, humo de leña y al incienso viejo que seguía flotando por los alrededores de la catedral como si aquella parte de Ciudad Esperanza se negara a olvidar nunca del todo que allí los dioses habían mirado a demasiada gente durante demasiado tiempo. Las sombras aún eran largas, y el aire estaba lo bastante frío como para despejar un poco la cabeza, aunque no lo suficiente para quitar la presión del pecho. Ninguno de ellos iba especialmente hablador. No por mal humor. Por tensión. Porque resulta difícil hacer bromas cuando uno se aleja de una ciudad segura con la sensación de que todavía puede dar media vuelta si quiere… y descubriendo a cada paso que no quiere. Fue Cloe, por supuesto, la primera en decirlo en voz alta. —Todavía podemos volver. Lo dijo sin dramatismo. Casi como una constatación. Jerwis miró hacia delante y no respondió enseguida. El viejo camino que iban a tomar salía de Ciudad Esperanza por una de sus rutas menos transitadas, no la principal del comercio ni la que llevaba a los muelles o a las tierras más ricas del condado. Era una vía antigua, de piedra mal asomada entre tierra y hierba, bordeada por pequeños hitos gastados y restos de muros bajos que quizá siglos atrás habían tenido algún uso sagrado o administrativo. Ahora solo parecían los huesos visibles del reino, saliendo por debajo de capas más nuevas de mundo. —Todavía podemos volver —repitió Mirellis, esta vez más baja. No sonó como sugerencia. Sonó como necesidad de escuchar la posibilidad una vez antes de seguir. Ardelith soltó una breve risa por la nariz. —Y dentro de dos semanas estaremos otra vez contando monedas y fingiendo que eso es vivir. Clara lo miró de lado. —No te confundas. Todavía podem…