Reencarne En Una Era Primitiva - Capítulo 24
Autor: Niuyee | Género: romance, harem Inverso, Harén fantasía
Sinopsis de Reencarne En Una Era Primitiva
Prólogo —¿Por qué todos están aquí? Zary abrió los ojos y observó el techo de piedra de su habitación. O mejor dicho, su enorme habitación. La habitación de la jefa de la ciudad. La habitación que compartía con cinco hombres imposiblemente guapos. Y, por desgracia, los cinco estaban presentes. —Porque es nuestra habitación —respondió una voz grave. Zary giró la cabeza. El hombre de cabello rojo y ojos escarlata estaba sentado junto a la cama, observándola con una sonrisa. —Llegué primero. —Mentira. La respuesta vino desde la ventana. El albino de ojos dorados descansaba tranquilamente apoyado contra la pared. —Yo llegué antes. —Ambos llegaron después de mí. El segundo albino, dueño de unos extraños ojos plateados, ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo. Una vena apareció en la frente de Zary. No eran niños. Eran líderes tribales. Guerreros legendarios. Los hombres más poderosos de todo el continente. Entonces, ¿por qué discutían como si tuvieran cinco años? —Zary. El hombre de cabello púrpura tomó una de sus manos. —¿Desayunaste? —Todavía no. —Perfecto. Cociné para ti. —Ella comerá lo que preparé yo. El hombre de cabello negro y ojos azules apareció detrás de él sosteniendo una bandeja. El silencio cayó sobre la habitación. Luego los cinco comenzaron a mirarse. Y la temperatura pareció descender varios grados. Zary cerró los ojos. Otra vez no. Otra vez estaban compitiendo. Otra vez porque ella había sonreído a uno más que a los demás. Otra vez porque uno había recibido un abrazo y los otros cuatro exigían el suyo. A veces se preguntaba cómo había terminado así. Porque años atrás todo era diferente. Muy diferente. Cuando abrió los ojos por primera vez en este mundo, no existían ciudades. No existían caminos. No existían hornos. No existían murallas. Ni siquiera existía una forma adecuada de conservar alimentos. Las tribus apenas comenzaban a dominar el fuego. Y ella... Ella solo era una chica común que había reencarnado accidentalmente en aquel mundo salvaje. Peor aún. Había reencarnado como la hermana menor de la futura villana. Una villana destinada a provocar incontables desgracias. Una villana llamada Lyra. En aquel entonces, Zary estaba convencida de que su vida sería difícil. Nunca imaginó que terminaría construyendo ciudades. Nunca imaginó que cambiaría el destino de las tribus. Nunca imaginó que recibiría un sistema misterioso. Y definitivamente jamás imaginó que acabaría con cinco esposos. —Zary. —¿Sí? Los cinco hombres la miraron al mismo tiempo. —¿A quién quieres más? La sonrisa de Zary desapareció. Otra vez esa pregunta. Siempre esa pregunta. Cada. Maldito. Día. Los cinco aguardaban la respuesta. Ella observó sus rostros expectantes. Y entonces suspiró. Tal vez construir una civilización había sido más fácil que lidiar con sus esposos. Mucho más fácil. Porque la historia de Zary no comenzó con una gran ciudad. Ni con riqueza. Ni con poder. Comenzó en una pequeña tribu primitiva. Cuando una chica de otro mundo abrió los ojos y descubrió que había renacido en el lugar menos esperado. Y que su destino estaba a punto de cambiar para siempre.
Capítulo 24
Capítulo 24: Los Refugiados del Gran Diluvio El crecimiento de Luna Gris continuó durante varias semanas. Siguiendo los conocimientos obtenidos del sistema, Zary comenzó a reorganizar la aldea. Las viviendas ya no se construían al azar. Ahora existían calles. Zonas de almacenamiento. Áreas agrícolas. Espacios dedicados a la educación. Y sectores reservados para futuros proyectos. Aunque todavía estaba lejos de convertirse en una ciudad, el cambio era impresionante. Los visitantes que llegaban desde otras tribus siempre reaccionaban de la misma manera. Con asombro. Y a veces con incredulidad. Porque nada parecido existía en el Continente Bestia. Aquella mañana, Zary se encontraba dibujando nuevos planos cuando escuchó una alarma proveniente de la entrada de la aldea. Gritos. Pasos apresurados. Y voces nerviosas. Frunció el ceño. Aquello no era normal. Guardó rápidamente sus papeles y salió. Lo que vio la dejó inmóvil. Decenas de hombres, mujeres y niños avanzaban lentamente hacia Luna Gris. Muchos estaban cubiertos de barro. Otros parecían agotados. Algunos cargaban pertenencias improvisadas. Y varios niños lloraban. La situación era terrible. —¿Qué ocurrió? preguntó Zary. Uno de los guardias respondió rápidamente. —Son refugiados. —¿Refugiados? —Vienen del sur. El corazón de Zary dio un pequeño salto. Eso no sonaba bien. Muy pronto comenzaron a llegar más detalles. Durante los últimos días, lluvias extraordinariamente intensas habían golpeado varias regiones. Los ríos se habían desbordado. Los campamentos cercanos habían quedado destruidos. Algunas aldeas desaparecieron completamente. Era un desastre natural de enormes proporciones. Un auténtico diluvio. Cuando la noticia se extendió, el ambiente de Luna Gris cambió inmediatamente. Los aldeanos observaban a los recién llegados con expresiones preocupadas. Porque podían ver el sufrimiento en sus rostros. Aquellas personas lo habían perdido prácticamente todo. --- A lo largo del día siguieron llegando más grupos. Pequeñas tribus enteras. Familias. Ancianos. Niños. La cantidad aumentaba constantemente. Al caer la tarde, la situación se había vuelto evidente. No podían ignorarlos. Necesitaban tomar una decisión. Por eso el jefe de Luna Gris convocó una reunión urgente. Los responsables de cada área acudieron rápidamente. Y, como era habitual últimamente, Zary también fue invitada. El jefe la observó con seriedad. —Quiero escuchar tu opinión. Zary parpadeó. —¿La mía? —Sí. —¿Sobre qué exactamente? —Sobre los ref…