Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje - El eco del imperio v2
Autor: Barws | Género: Fantasía, aventura
Sinopsis de Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje
Despertar en un lugar que no reconoces ya es aterrador. Pero hacerlo en un cuerpo que no es el tuyo… en un mundo donde el cielo no sigue ninguna lógica… lo cambia todo. Sin un objetivo claro, sin una misión que cumplir, y sin respuestas sobre cómo llegó allí, un joven se ve obligado a avanzar en un entorno completamente desconocido. Lo que comienza como simple incertidumbre se transforma en algo más profundo: cada paso que da, cada persona que conoce y cada cosa que descubre, le muestran que este mundo no necesita un héroe… pero sí exige que tome decisiones. Guiado por alguien que parece conocerlo… pero que ya no lo reconoce como antes, deberá adaptarse a una realidad que no entiende, mientras poco a poco enfrenta una pregunta mucho más difícil que sobrevivir: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque en un mundo desconocido… no hay caminos ya definidos.
El eco del imperio v2
Capítulo 26 — El eco del imperio El silencio que quedó después de la caída del Custodio del Sello Marchito no se parecía al silencio de antes. No era vigilancia. No era espera. Era el silencio cansado y aturdido que deja un peligro justo después de romperse, cuando el cuerpo todavía no entiende del todo si la amenaza ha terminado de verdad o si solo está respirando más despacio antes de volver a levantarse. Durante unos segundos, nadie se movió más de lo necesario. La lámpara de Clara seguía temblando un poco en la mano; el aire estaba lleno de polvo antiguo; las raíces que se habían tensado por toda la cámara colgaban ahora casi inertes, como si la orden que las había sostenido durante siglos hubiera sido cortada de golpe y aún no supieran cómo quedarse quietas del todo. El suelo, cubierto de grietas nuevas, roca suelta y trozos desprendidos del cuerpo del guardián, parecía más viejo que antes. O quizá no era el suelo. Quizá eran ellos. Mirellis fue la primera en imponerse al agotamiento. No porque estuviera mejor. Simplemente porque si alguien tenía que poner orden después del miedo, casi siempre terminaba siendo ella. Dejó el escudo apoyado un momento, se pasó una mano por el pelo pegado a la frente y empezó a mirar al grupo uno por uno con esa concentración terca suya que ya no era solo costumbre, sino parte del modo en que Nexulis parecía haberse metido en su cuerpo. —Nadie da un paso más hasta que sepamos quién sigue entero —dijo. La voz le salió algo más áspera de lo normal. Aun así, todos obedecieron. Jerwis tenía el hombro resentido y un corte superficial en la mano por haber apretado mal la espada en un mal momento. Mirellis misma tenía el brazo cansado y la cadera dolorida por un golpe de retroceso al aguantar demasiado con el escudo. Alren estaba más asustado que herido, aunque una caída le había dejado la rodilla marcada. Cloe tenía polvo hasta en las pestañas, un raspón en la mejilla y la respiración todavía un poco alta. Elna se había hecho una abrasión fea en los dedos de una mano por tensar demasiado el hilo justo en el momento en que más falta hacía. Ardelith von Armonis Crait parecía intacto desde fuera, pero estaba temblando bajo la ropa con la clase de agotamiento que no tiene que ver con correr o golpear, sino con haber usado por fin su bendición de una forma real y no saber bien cuánto de sí mismo había metido en ello. Clara revisó primero a los demás y luego, muy a su manera, al lugar. Aseguró una venda en la mano de Jerwis. Miró el…