Así empezó el final - CASA
Autor: Escriba sin nombre | Género: fantasía , accion
Sinopsis de Así empezó el final
Una esfera cerrada. Cinco reinos. Cero salidas. Nadie entra. Nadie sale. Solo las almas. La tuya entró hoy. Entre reinos hay Puntos Muertos: tierra sin ley donde manda el que muerda más fuerte. Y en el centro... un silencio que pesa. Los reyes huyen. Las bestias rezan. Aprenderás las tres leyes. Conocerás a los que tienen corona y maldición. Y al final entenderás por qué
CASA
0 metros. Antes del hierro, antes del grito, antes de que dos coronas mancharan el borde del vacío blanco, había casa. Casa no era piedra. Casa no era muro. Casa no era un nombre escrito en pergamino y sellado con cera roja. Casa era otra cosa. Era el lugar donde el cuerpo cerraba los ojos sin contar cuántos minutos tenía para abrirlos de nuevo. Bajo la copa del Árbol, las ramas caídas no eran basura. Eran pared. Tres ramas gruesas cruzadas hacían esquina. Encima, hojas secas tejidas hacían techo. No llovía siempre, pero cuando llovía, el agua corría por las hojas y caía afuera, no adentro. Nadie enseñó a hacerlo. Nadie cobró por hacerlo. Una mujer lo hizo porque su espalda pedía descanso. Un hombre viejo lo hizo porque sus manos recordaban cómo cruzar madera. No había dueño de esa casa. Había cuidador. Y cuidar significaba barrer las hojas cuando se acumulaban, tapar la gotera con otra rama cuando el viento la movía, y dejar la puerta abierta. Porque puerta no era para encerrar. Puerta era para que el aire entrara y saliera sin pedir permiso. Los niños corrían de casa en casa. Entraban sin tocar. Salían riendo. Dejaban migas de fruto en el suelo y nadie gritaba. Nadie decía "esto es mío, no lo toques". Porque aquí, si algo estaba en el suelo, era porque el suelo lo sostenía. Y el suelo no firmaba contratos. El hombre de manos de hueso no tenía casa propia. Dormía contra la raíz más gruesa del Árbol. Su casa era el Árbol entero. Cuando hacía frío, el tronco guardaba calor. Cuando hacía calor, la sombra guardaba fresco. Cuando llovía, alguien dejaba una rama extra en su lado sin decir palabra. Sin pedir gracias. Sin esperar pago. Así se vivía a 0 metros. Sin miedo. Ese era el problema. Porque a 0 metros no hay guardia. No hay muralla. No hay lista de quién entra y quién no. Y eso, para un rey, es insulto. El primer ruido llegó como siempre llegan las cosas que no pertenecen: sin aviso, pero con peso. Hierro contra piedra. Botas contra tierra blanda. Cadenas arrastrándose aunque nadie las cargaba. El Bosque lo sintió antes que la gente. Las hojas dejaron de moverse. Los pájaros que no cantaban igual dejaron de respirar. El fruto en la rama baja dejó de girar hacia el sol. Todo se quedó quieto. Como cuando alguien va a hablar y el aire se espesa. Luego vinieron las coronas. La primera era negra. No por color. Por lo que tenía pegado: sangre seca en capas. Capa sobre capa de 5000 años. Cada batalla. Cada hermano. Cada campo que se volvió rojo y nunca volvió a …