Así empezó el final - INVASIÓN

Autor: Escriba sin nombre | Género: fantasía , accion

Sinopsis de Así empezó el final

Una esfera cerrada. Cinco reinos. Cero salidas. Nadie entra. Nadie sale. Solo las almas. La tuya entró hoy. Entre reinos hay Puntos Muertos: tierra sin ley donde manda el que muerda más fuerte. Y en el centro... un silencio que pesa. Los reyes huyen. Las bestias rezan. Aprenderás las tres leyes. Conocerás a los que tienen corona y maldición. Y al final entenderás por qué

INVASIÓN

0 metros. Invasión no empieza cuando el primer soldado pisa. Invasión empieza cuando el primer rey dice "esto es mío" y cree que el suelo le va a creer. KARIM lo dijo primero. "Este suelo es mío." No lo gritó. Los reyes de SANGAROK no gritan. Gritar es para los que tienen miedo de no ser escuchados. KARIM no tenía miedo. Tenía 5000 años. Tenía un campo entero de sangre seca bajo sus botas en casa. Tenía memoria de mil batallas donde el suelo se abrió solo para recibirlo. Dio un paso. Su bota roja tocó la tierra blanda del Bosque. La tierra no se abrió. La tierra no sangró. La tierra se quedó siendo tierra. KARIM frunció el ceño. Un milímetro. Nadie lo vio excepto RAFAEL. Porque en SANGAROK, cuando él pisa, el suelo se vuelve rojo. Se vuelve campo. Se vuelve suyo. Aquí no. Aquí la tierra olía a raíz. Olía a hoja mojada. Olía a cosa que no había matado. Detrás de él, mil hombres. Mil hachas. Mil escudos. Mil pares de ojos que miraron al frente toda su vida. Nunca a los lados. Nunca abajo. Siempre al frente, donde estaba el enemigo. Siempre al frente, donde estaba la orden. Entraron. El primer soldado pisó donde pisó KARIM. Esperó que la tierra se pusiera roja. No se puso. Miró abajo. Siguió siendo marrón. Verde en partes. Viva. El segundo soldado pisó. Lo mismo. El tercero pisó. Y se hundió un dedo. Tierra blanda. Tierra que cede. Tierra que no es piedra. Uno tropezó. No mucho. Solo se tambaleó. Nadie se rió. Porque en SANGAROK, reírse de un tropiezo es muerte. Aquí nadie dijo nada. Solo el Bosque hizo ruido. Hojas moviéndose. Aunque no había viento. KARIM levantó Hacha Sangre. El metal tenía muescas. Cada muesca un cuello. Cada muesca un grito. 5000 años de muescas. No cortó árbol. Cortó aire. El aire se abrió. Como tela. Como piel. Y sangró. Tres gotas rojas. Gruesas. Lentas. Cayeron. Una cayó en la casa de ramas de la mujer. La rama se tiñó. De verde pasó a rojo oscuro. La sangre se pegó. No chorreó. Se quedó. Como si la madera la bebiera y la odiara. La mujer vio. Tenía la escoba-rama en la mano. La dejó caer. No corrió. No gritó. Miró la mancha. Puso un dedo. Lo quitó. Tenía rojo en la uña. Miró a KARIM. Él no la miró. Los reyes no miran a los que hacen casas. Miran a los que tienen coronas. "Este suelo es mío" repitió. Más para él que para ella. "Porque todo lo que toco... sangra." Detrás de KARIM, el aire cambió. Olía a campo. A metal caliente. A carne abierta hace días. Olía a SANGAROK. Mil hombres respiraron hondo. Ese olor era casa para ellos. Ese …

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