CHOQUE DE CONTINENTES - TIERRA DE FUEGO
Autor: JoaquínxD | Género: Acción, Artes Marciales, Suspenso.
Sinopsis de CHOQUE DE CONTINENTES
"13 países de Latinoamérica contra el resto del mundo. Un torneo prohibido donde el honor no existe y solo el instinto salvaje importa. De los galpones de Argentina a las sombras de Perú, los verdaderos demonios han despertado."
TIERRA DE FUEGO
CAPÍTULO 34 — TIERRA DE FUEGO (PARTE 7) La arena sigue rugiendo. Golpes. Gritos. Sangre. Pero en medio del caos... Matías se empieza a reír. Una risa baja. Después más fuerte. —Jajajaja… —Se agarra la cara—. Esto… esto me recuerda a ustedes. Los chicos lo miran sin entender. Matías señala a la arena sin dejar de mirar la pelea: —Tobías… vos peleás como un animal. Como yo. Hace una pausa. Sus ojos brillan con una intensidad peligrosa. —Franco… vos peleás como tu abuelo. Como un demonio. —Agustín… vos sos distinto. Sos como una muerte caminante. Como mi viejo amigo… Bruno. Silencio total en el grupo. Matías vuelve a mirar a la arena. Ve a Davi esquivando, girando, bailando entre los golpes de Bento. —Y ese… Davi… —Su risa se vuelve incontrolable—. JAJAJAJAJA… Algunos del público brasileño lo miran con incomodidad, pero a Matías no le importa nada. Se inclina hacia adelante, con los ojos llenos de una locura lúcida. —Imagínense… cuando este equipo esté completo. Perfecto. Respira hondo, saboreando el aire pesado de la arena. —Les voy a dar esa comida que están esperando. Se está cocinando de a poco. ¿La sienten? Esa emoción… como carne jugosa en el fuego, preparándose para un banquete. Aprieta los puños hasta que los nudillos se ponen blancos. —Y ustedes tienen hambre. Pero tranquilos… el banquete va a ser para todos. Mira de nuevo el intercambio violento entre Davi y Bento. —Pero primero… disfruten esto. Porque esto recién empieza. Se inclina hacia atrás, con una sonrisa de victoria grabada en la cara. —Que se preparen esos viejos… porque no tienen idea del hambre que tengo. Y mis bestias tienen nombre. Silencio pesado. Celeste sonríe y cruza los brazos. —Claro que sí, jefe… —Sus ojos están fríos, fijos en la arena—. Y esos animales no se pueden controlar.