CHOQUE DE CONTINENTES - el dueño de la arena

Autor: JoaquínxD | Género: Acción, Artes Marciales, Suspenso.

Sinopsis de CHOQUE DE CONTINENTES

"13 países de Latinoamérica contra el resto del mundo. Un torneo prohibido donde el honor no existe y solo el instinto salvaje importa. De los galpones de Argentina a las sombras de Perú, los verdaderos demonios han despertado."

el dueño de la arena

Capítulo 370 — El dueño de la arena En la televisión del pequeño negocio seguían escuchándose los gritos de la tribuna. —¡¡¡LEONARDO!!! —¡¡¡NIKOLAI!!! El ruido atravesaba todo el pasillo. Robert levantó el brazo, preparándose para lanzar un golpe hacia Tobías. Al mismo tiempo, Tobías tenía el brazo derecho listo para responder. Los dos estaban a punto de cruzarse. Pero entonces… Paso. Ambos se detuvieron. Miraron hacia el fondo del pasillo. Una figura caminaba tranquilamente hacia ellos. No parecía tener ninguna prisa. Solamente se escuchó un suspiro. —Vaya, vaya… —era Enzo—. Salí un rato del palco privado para caminar y comprar algo rico. ¿Por qué? —Miró hacia la zona de los negocios—. Porque se acabó la comida rica allá arriba. Detrás de él apareció su mayordomo. —Mi señor, ¿por qué no me dijo que fuera a buscarle algo para comer? Enzo se rio. —Tranquilo, amigo. También hace bien hacer un poco de ejercicio. Hay que estirar las piernas. —Miró hacia Tobías y Robert—. Y parece que hicimos bien en bajar antes de que se arme una guerra en los pasillos. El mayordomo observó a los dos hombres. —Tiene razón, mi señor. Enzo sonrió. —¿Viste? Hicimos bien en bajar. —Entonces miró a la señorita, que seguía escondida detrás del mostrador—. A ver… ustedes dos. ¿Cómo se llamaban? —Se señaló la cabeza—. Sé que uno es de Latinoamérica y el otro es europeo, pero con tantos peleadores a veces se me mezclan los nombres. —Luego miró a la muchacha—. Y encima asustaron a la señorita. Pobrecita. ¿Estás bien, mija? La joven salió lentamente de detrás del mostrador. —Sí, jefe. Gracias. Enzo levantó una mano. —Tranquila. No se van a pelear. El mayordomo asintió. —Sí, mi señor. Enzo lo miró. —Quiero que pidas algo para llevar para nosotros. Y también para Yumi y José. —Por supuesto, mi señor. El mayordomo comenzó a caminar hacia el negocio. Enzo volvió a mirar a los dos hombres. —A ver… ¿cómo era que se llamaban ustedes? —Se rio—. Yo soy el dueño de toda esta arena y a veces se me olvidan algunos nombres. Encima ya nos encontramos en el festival… así que me imagino que ya me conocen. Robert respondió con respeto: —Usted es el dueño de todo esto. —Señaló ligeramente hacia el pasillo—. Y también es el jefe de ese sujeto llamado José. Imagino que él es uno de sus empleados. Enzo sonrió. —En eso tenés razón, muchacho. Yo soy el jefe de todo esto. —Hizo una pausa—. Y sí, José es mi empleado. Él fue quien te buscó aquella primera vez. Robert permaneció callado. Enzo lo miró fijamente. La…

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