CHOQUE DE CONTINENTES - el tablero de los dioses

Autor: JoaquínxD | Género: Acción, Artes Marciales, Suspenso.

Sinopsis de CHOQUE DE CONTINENTES

"13 países de Latinoamérica contra el resto del mundo. Un torneo prohibido donde el honor no existe y solo el instinto salvaje importa. De los galpones de Argentina a las sombras de Perú, los verdaderos demonios han despertado."

el tablero de los dioses

Capítulo 375 — El tablero de los dioses ​El ambiente en el palco privado estaba en absoluto silencio. ​Enzo permanecía de pie frente a Matías, observándolo con una sonrisa tranquila. Entre los dos, sobre una pequeña mesa de madera noble, descansaba un tablero de ajedrez con el juego a mitad de camino. ​Enzo estiró los dedos y movió lentamente una de las piezas. ​—Me encanta el juego que estamos jugando, Matías. ​Matías no respondió. Mantuvo la mirada clavada en la madera. ​Enzo continuó, señalando algunas de las piezas caídas a un costado del tablero: ​—Nuestro tablero ya está dispuesto. Vos tenés una ficha mía eliminada... y yo tengo una ficha tuya eliminada. —Desplazó un peón hacia adelante—. Y ya pusimos nuevas fichas sobre el tablero. ​Enzo levantó ambas manos a la altura de su rostro y las observó durante unos segundos, abriendo y cerrando las palmas con fascinación. ​—Tenemos la fuerza para enseñarles a estos peleadores hasta dónde puede llegar el ser humano —sonrió sin prisa—. Nosotros decidimos los movimientos. ​Hizo una breve pausa, dejando caer los brazos. ​—La verdad... por momentos me siento como Dios. ​En el palco privado opuesto, donde el reflejo del cristal dividía las miradas, la expresión de Matías cambió por completo. Dejó de mirar la arena y clavó sus ojos en Enzo. ​—Estás equivocado. ​Enzo levantó una ceja, intrigado. ​—Yo no miro a mis muchachos como si fueran fichas de un tablero. —Matías dio un paso lento hacia la mesa—. Vos y yo podemos estar moviendo a nuestros peleadores dentro de este torneo... pero hay una cosa que tenés que entender. ​El silencio volvió a instalarse en la habitación, pesado y frío. ​—Vos y yo no pensamos igual —dijo Matías con voz firme—. Me imagino que ahora te estás creyendo Dios... porque pensás que tenés la vida de tus muchachos en tus manos. ​Matías negó levemente con la cabeza, manteniendo la postura. ​—Pero te lo voy a repetir una vez más... —Señaló el centro del tablero—. Vos y yo no pensamos lo mismo. ​Enzo cerró lentamente el puño, apretando los nudillos. El tablero permaneció inmóvil entre los dos. ​Después de unos segundos de tensión contenido, Enzo soltó una pequeña risa grave que resonó en el cristal. ​—Me imagino que estás pensando otra cosa... Ja... ja... ​Levantó la mirada hacia el techo del estadio, donde las luces enfocaban la sangrienta batalla de abajo. ​—El cielo canta... Y hasta los ángeles deben estar disfrutando de la emoción que tenemos vos y yo. ​Matías permaneció completamente serio,…

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