Reencarne En Una Era Primitiva - Capítulo 5
Autor: Niuyee | Género: romance, harem Inverso, Harén fantasía
Sinopsis de Reencarne En Una Era Primitiva
Prólogo —¿Por qué todos están aquí? Zary abrió los ojos y observó el techo de piedra de su habitación. O mejor dicho, su enorme habitación. La habitación de la jefa de la ciudad. La habitación que compartía con cinco hombres imposiblemente guapos. Y, por desgracia, los cinco estaban presentes. —Porque es nuestra habitación —respondió una voz grave. Zary giró la cabeza. El hombre de cabello rojo y ojos escarlata estaba sentado junto a la cama, observándola con una sonrisa. —Llegué primero. —Mentira. La respuesta vino desde la ventana. El albino de ojos dorados descansaba tranquilamente apoyado contra la pared. —Yo llegué antes. —Ambos llegaron después de mí. El segundo albino, dueño de unos extraños ojos plateados, ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo. Una vena apareció en la frente de Zary. No eran niños. Eran líderes tribales. Guerreros legendarios. Los hombres más poderosos de todo el continente. Entonces, ¿por qué discutían como si tuvieran cinco años? —Zary. El hombre de cabello púrpura tomó una de sus manos. —¿Desayunaste? —Todavía no. —Perfecto. Cociné para ti. —Ella comerá lo que preparé yo. El hombre de cabello negro y ojos azules apareció detrás de él sosteniendo una bandeja. El silencio cayó sobre la habitación. Luego los cinco comenzaron a mirarse. Y la temperatura pareció descender varios grados. Zary cerró los ojos. Otra vez no. Otra vez estaban compitiendo. Otra vez porque ella había sonreído a uno más que a los demás. Otra vez porque uno había recibido un abrazo y los otros cuatro exigían el suyo. A veces se preguntaba cómo había terminado así. Porque años atrás todo era diferente. Muy diferente. Cuando abrió los ojos por primera vez en este mundo, no existían ciudades. No existían caminos. No existían hornos. No existían murallas. Ni siquiera existía una forma adecuada de conservar alimentos. Las tribus apenas comenzaban a dominar el fuego. Y ella... Ella solo era una chica común que había reencarnado accidentalmente en aquel mundo salvaje. Peor aún. Había reencarnado como la hermana menor de la futura villana. Una villana destinada a provocar incontables desgracias. Una villana llamada Lyra. En aquel entonces, Zary estaba convencida de que su vida sería difícil. Nunca imaginó que terminaría construyendo ciudades. Nunca imaginó que cambiaría el destino de las tribus. Nunca imaginó que recibiría un sistema misterioso. Y definitivamente jamás imaginó que acabaría con cinco esposos. —Zary. —¿Sí? Los cinco hombres la miraron al mismo tiempo. —¿A quién quieres más? La sonrisa de Zary desapareció. Otra vez esa pregunta. Siempre esa pregunta. Cada. Maldito. Día. Los cinco aguardaban la respuesta. Ella observó sus rostros expectantes. Y entonces suspiró. Tal vez construir una civilización había sido más fácil que lidiar con sus esposos. Mucho más fácil. Porque la historia de Zary no comenzó con una gran ciudad. Ni con riqueza. Ni con poder. Comenzó en una pequeña tribu primitiva. Cuando una chica de otro mundo abrió los ojos y descubrió que había renacido en el lugar menos esperado. Y que su destino estaba a punto de cambiar para siempre.
Capítulo 5
Capítulo 5: Agua Cristalina Durante los dos días siguientes, la extraña pareja formada por Zary y Kael se convirtió en el tema favorito de conversación de toda la tribu. Nadie entendía por qué el orgulloso zorro rojo de nueve colas pasaba tanto tiempo ayudando a la hermana menor de Lyra. Mucho menos entendían qué era exactamente lo que estaban construyendo. —Pásame más grava —dijo Zary. —Aquí tienes. —Y el carbón. —Aquí. —Perfecto. Kael observaba cada movimiento con atención. Aunque seguía sin comprender completamente el proyecto, había llegado a una conclusión. Zary sabía exactamente lo que estaba haciendo. Aquella confianza era extraña. Incluso los cazadores más experimentados dudaban antes de tomar decisiones importantes. Pero Zary nunca parecía dudar. Como si pudiera ver el resultado final antes que los demás. Finalmente llegó el día de la prueba. Zary pidió que todos los habitantes de la Tribu Luna Gris se reunieran cerca del río. La noticia se propagó rápidamente. Pronto decenas de hombres, mujeres y niños rodeaban la estructura que había construido. Lyra también estaba allí. Al igual que Kael. Y el jefe de la tribu. —¿Qué es eso? —preguntó una mujer. —Parece una roca gigante. —No, son varias vasijas apiladas. —¿Para qué sirve? Los murmullos se extendieron por toda la multitud. Zary respiró profundamente. Había llegado el momento. Frente a todos había colocado dos recipientes. En uno de ellos había agua recién sacada del río. Turbia. Oscura. Con pequeñas partículas flotando en su interior. En el otro recipiente todavía no había nada. —Todos conocen esta agua —dijo Zary señalando el primer recipiente. Los aldeanos asintieron. Era el agua que utilizaban diariamente. La misma donde bebían. La misma donde se bañaban. La misma donde lavaban pieles. La misma donde jugaban los niños. —Ahora observen. Zary tomó parte del agua turbia. Y la vertió lentamente dentro del filtro construido con grava, arena y carbón. Los presentes observaron con curiosidad. El agua desapareció dentro de la estructura. Pasaron algunos segundos. Entonces ocurrió. Una fina corriente comenzó a salir por la parte inferior. Pero ya no era oscura. Ya no era turbia. Era clara. Muchísimo más clara. La multitud quedó en silencio. El agua continuó cayendo. Gota tras gota. Hasta llenar el recipiente inferior. Cuando terminó, la diferencia era impactante. De un lado estaba el agua marrón del río. Del otro, agua mucho más limpia y transparente. Incluso bajo la luz del sol parecía brillar. —¿Qué…