El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre - La marcha del hierro

Autor: Kevin Vega | Género: Thriller Psicológico, Ficción Bélica y Apocalíptica, Acción, Misterio, Tragedia

Sinopsis de El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre

Aezel Astor era el pilar de su familia, un joven de inquebrantable calma. Hasta que un descubrimiento insondable lo obligó a fingir su propia muerte, sumiendo a los suyos en el luto. Cinco años después, el mundo se paraliza cuando Aezel reaparece en todas las pantallas del planeta. Ya no es el hijo perfecto, sino el verdugo de la humanidad: con solo presionar unos botones, desata un infierno nuclear y declara una guerra total. Ahora, sobre las cenizas del viejo mundo, su hermano menor, Nirian, es el único decidido a cazar al genocida más despiadado de la historia... aunque eso signifique destruir a la persona que más admiraba.

La marcha del hierro

El Búnker Ápice-4 estaba enterrado a trescientos metros bajo la roca sólida de los Alpes. Había sido diseñado por los ingenieros más brillantes de la antigua Coalición para resistir impactos nucleares directos, pulsos electromagnéticos y asedios biológicos. Sus puertas principales eran bloques de acero de tungsteno de tres metros de grosor. Para los doscientos políticos, generales y soldados de élite atrapados en su interior, el búnker era la última fortaleza de la humanidad. Para el ejército de Aezel Astor, era solo una tumba esperando ser sellada. El Capitán Elias Vance caminaba por el corredor principal del Nivel 2, el rifle de asalto colgando inútilmente de su correa táctica. El aire reciclado del complejo olía a ozono, sudor frío y desesperación. Habían pasado dieciocho días desde que el cielo se incendió. Las comunicaciones con el exterior seguían muertas. No sabían si quedaba alguien vivo en la superficie, pero los altos mandos, acurrucados en las salas de conferencias de los niveles inferiores, seguían creyendo que algún día saldrían a recuperar el mundo. Vance sabía la verdad. Lo había visto en los ojos de sus hombres. Estaban enterrados vivos. Llegó a la barricada principal de seguridad, justo frente a las inmensas puertas de la esclusa. Una docena de soldados montaba guardia detrás de sacos de arena y torretas automáticas, todos con el rostro demacrado por la falta de luz natural y el racionamiento extremo. —Reporte, Sargento —pidió Vance, frotándose los ojos cansados. El Sargento Miller se cuadró débilmente. —Nada nuevo, Capitán. Los sismógrafos detectaron temblores hace una hora, pero los técnicos dicen que son solo reacomodos de las placas tectónicas por las... explosiones de la superficie. Vance asintió, mirando la colosal puerta de acero de tungsteno. —Mantengan los ojos abiertos. Si la radiación baja lo suficiente, el General planea enviar a un equipo de reconocimiento la próxima sem— Un estruendo sordo y rítmico cortó sus palabras. No fue un temblor lejano ni el crujido natural de la montaña. Fue un golpe mecánico, masivo y calculado, justo al otro lado de la puerta principal. El suelo de concreto del pasillo vibró con tanta violencia que a Vance le castañetearon los dientes. Los doce soldados de la barricada levantaron sus armas al unísono, quitando los seguros con un chasquido colectivo que resonó en el silencio absoluto que siguió. —¿Qué demonios ha sido eso? —susurró Miller, retrocediendo un paso. Un segundo golpe. Más fuerte. El polv…

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