Aileen - Vestidos
Autor: Kuro Usagi | Género: Fantasia urbana, slice of life, drama, fantasía urbana, slice of life, novela e fantasía urbana, slice of life, novela emocional,drama, fantasía urbana, slice of life, novela emocional,
Sinopsis de Aileen
Entre ventas ambulantes, vestidos usados, atún enlatado y cajas de cartón, un joven comerciante intenta criar a una niña semihumana rescatada de una red de trata. Ella no sabe leer. Él no sabe ser padre. Pero juntos intentarán construir algo que ninguno de los dos tuvo jamás: un motivo para vivir.
Vestidos
Segundo día de limpieza de la semana en el consultorio. Aileen estaba metida en la caja dibujando y comiendo un premio para perro que le había dado la secretaria. Yo estaba trapeando el piso cuando la doctora Irma salió, dijo que era por una emergencia. —¿Papá?... —¿Sip?... —¿Puedo comerme ahora mi atún? —Dentro de un rato… ahora solo come tu premio. Ella solo se limitó a hacer un puchero, así que le abrí su atún. —Te comes el otro al rato. —¿Puedo? —Sí, no quiero que la doctora me regañe por no darte de comer… además podría obligarnos a comer más verduras. —¿De veras? —Sí, tiene la autoridad necesaria para hacerlo desde donde quiera que esté en este momento. —Eeeek —se erizó completa y lanzó un chillido cerrando la tapa de su caja. La secretaria solo se tapó la boca y negó con la cabeza. —Cómo eres Adrian… la asustas… —me dijo como si me lo recriminara. —Susto el de ayer… —le respondí —una clienta se enteró de sonde salió y no supe como reaccionar. —¿Pero todo bien? —Sí. Daniela, la secretaria se quedó pensando un rato, luego me volvió a dirigir la palabra. —No te preocupes, todo va a estar bien —Me sonrió —pronto se va a solucionar, ya verás. —Gracias. —Como se me antoja ir a tomar un café en la tarde —dijo de pronto —con un chico… no me importa si es rico o POBRE… o PAPÁ de alguien… No se qué habrá querido decir con eso y ni siquiera venía al caso de lo que estábamos hablando. —Sé como te sientes… es lo malo de estar solo —continué mi labor de limpieza. Aileen desde su caja solo asomaba sus ojos y sus orejas, me acerqué un poco y le susurré: —Verduras… uras… uras… uras… —¡Ahhh! —Se volvió a encerrar. Me quedé pensando en las ganas de Daniela por un café, así que le avisé que saldría y le pedí a Aileen que se quedara un rato ahí. —Sí papá —me respondió desde el interior de su escondite. Diez minutos después le puse a Daniela un vaso grande de café en su escritorio, creo que sus ganas eran muchas porque se iluminó tanto como cuando Aileen se entera que no va a comer verduras. —¿Para mi? —Sí —respondí —perdón que sea de máquina. —Qué lindo, ojalá ALGUIEN me pida matrimonio… —No creo poder ayudarte con eso… —A… A… Awww… Seguí con mi labor, ya la había descuidado mucho. Un rato después llegó la doctora. —¡Ya me comí mis verduras! —grito Aileen desde dentro su caja. La doctora sonrió y nos llamó a Aileen y a mí. —Adrián, estos son algunos vestidos para tu hija —dijo mirando a Aileen —eran de mi sobrina, ya no le quedan, son de cuando tenía diez… es para que y…