Wind: El viento de la esperanza - No me dejes solo

Autor: Kuro Usagi | Género: Acción, Fantasía, Reencarnación

Sinopsis de Wind: El viento de la esperanza

Un ser ha robado el poder de los antiguos Custodios, entidades que protegían los pilares del universo, desatando el caos a través de las líneas del tiempo. Su nombre es Necroid, el falso Custodio de la Realidad. Y sin saberlo, una adolescente está destinada a detenerlo. En cada línea del tiempo, en cada mundo posible, Wind siempre existe. Y en cada uno, su destino es el mismo: enfrentar al invasor del multiverso, al destructor de todo lo que pudo haber sido. Cargando con un poder que nunca pidió, Wind posee el legado de los antiguos Custodios. Dos de ellos han depositado en ella lo último que les queda. A través de batallas devastadoras, traiciones, pérdidas y reencuentros, Wind deberá descubrir quién es en realidad… Y hasta dónde puede llegar una chica con el peso del multiverso sobre sus hombros.

No me dejes solo

Habían pasado tres años desde el último ataque. El mundo había seguido su curso, como si las tragedias se archivaran en un cajón invisible para que los demás pudieran dormir tranquilos. Pero para Raymond, el tiempo no avanzaba. Lo que había perdido seguía ahí, latiendo bajo su piel, presente en cada rincón del pequeño apartamento donde ahora vivía solo con una niña de tres años que lo llamaba “papá”. ​—Papá, quiero leche. —Papá, quiero jugo. —Papá, ven a ver esto. ​Él siempre respondía con la misma corrección suave, casi como un mantra para no olvidar quién era: —No soy tu papá, Wind. Soy tu tío. ​Pero nunca se molestaba. La verdad era que Ray ya no se sentía solo como el hermano de su padre; se había convertido en todo lo que Wind necesitaba para sobrevivir, y eso era suficiente. Sus días estaban llenos de carreras por los pasillos, de risas desordenadas y de dibujos torcidos pegados con cinta en las paredes. ​Cuando salían a caminar por el barrio, de la mano, las señoras de la tienda los miraban con una mezcla de lástima y sorpresa. —¿Tan joven y ya con una hija? —murmuraban. ​Él solo sonreía con esa madurez amarga que se aprende a los trece años cuando te toca crecer de golpe. —Sí… algo así —respondía, apretando la manita de la niña. ​Una tarde cualquiera, encontraron un paquete en la puerta con una nota simple: “Para mis vecinos”. Raymond lo recogió con desconfianza. Dentro había chocolates envueltos en papel brillante. Su instinto, ese que se había vuelto afilado como una daga desde que cuidaba a Wind, le gritó que algo estaba mal. Los guardó en lo alto de la alacena, decidido a tirarlos al día siguiente. ​Esa noche era noche de películas. Wind estaba emocionada, envuelta en una manta y con los pies descalzos colgando del sofá. Raymond fue a la cocina a preparar palomitas, pero cuando volvió, el silencio lo aterró. ​—¡Wind! ¿Qué hiciste? —Solo quería uno… pero estaban ricos… —susurró ella con la boca manchada de chocolate. ​Había comido más de la mitad. Ray se puso pálido. La regañó con voz firme pero quebrada, sentándose a su lado con el corazón galopando. Tal vez solo eran dulces. Tal vez era su paranoia. Pero no fue así. ​Los síntomas fueron devastadores y rápidos: mareos, sudor frío, vómitos violentos. Raymond no perdió un segundo; la cargó en brazos y corrió bajo la lluvia hacia el consultorio de un médico mayor que conocía su situación, un hombre discreto que sabía que ellos no eran una familia normal. ​—¿Qué pasó? —preguntó el doctor, alarmado …

MangaLatam