Reencarne En Una Era Primitiva - Capítulo 7
Autor: Niuyee | Género: romance, harem Inverso, Harén fantasía
Sinopsis de Reencarne En Una Era Primitiva
Prólogo —¿Por qué todos están aquí? Zary abrió los ojos y observó el techo de piedra de su habitación. O mejor dicho, su enorme habitación. La habitación de la jefa de la ciudad. La habitación que compartía con cinco hombres imposiblemente guapos. Y, por desgracia, los cinco estaban presentes. —Porque es nuestra habitación —respondió una voz grave. Zary giró la cabeza. El hombre de cabello rojo y ojos escarlata estaba sentado junto a la cama, observándola con una sonrisa. —Llegué primero. —Mentira. La respuesta vino desde la ventana. El albino de ojos dorados descansaba tranquilamente apoyado contra la pared. —Yo llegué antes. —Ambos llegaron después de mí. El segundo albino, dueño de unos extraños ojos plateados, ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo. Una vena apareció en la frente de Zary. No eran niños. Eran líderes tribales. Guerreros legendarios. Los hombres más poderosos de todo el continente. Entonces, ¿por qué discutían como si tuvieran cinco años? —Zary. El hombre de cabello púrpura tomó una de sus manos. —¿Desayunaste? —Todavía no. —Perfecto. Cociné para ti. —Ella comerá lo que preparé yo. El hombre de cabello negro y ojos azules apareció detrás de él sosteniendo una bandeja. El silencio cayó sobre la habitación. Luego los cinco comenzaron a mirarse. Y la temperatura pareció descender varios grados. Zary cerró los ojos. Otra vez no. Otra vez estaban compitiendo. Otra vez porque ella había sonreído a uno más que a los demás. Otra vez porque uno había recibido un abrazo y los otros cuatro exigían el suyo. A veces se preguntaba cómo había terminado así. Porque años atrás todo era diferente. Muy diferente. Cuando abrió los ojos por primera vez en este mundo, no existían ciudades. No existían caminos. No existían hornos. No existían murallas. Ni siquiera existía una forma adecuada de conservar alimentos. Las tribus apenas comenzaban a dominar el fuego. Y ella... Ella solo era una chica común que había reencarnado accidentalmente en aquel mundo salvaje. Peor aún. Había reencarnado como la hermana menor de la futura villana. Una villana destinada a provocar incontables desgracias. Una villana llamada Lyra. En aquel entonces, Zary estaba convencida de que su vida sería difícil. Nunca imaginó que terminaría construyendo ciudades. Nunca imaginó que cambiaría el destino de las tribus. Nunca imaginó que recibiría un sistema misterioso. Y definitivamente jamás imaginó que acabaría con cinco esposos. —Zary. —¿Sí? Los cinco hombres la miraron al mismo tiempo. —¿A quién quieres más? La sonrisa de Zary desapareció. Otra vez esa pregunta. Siempre esa pregunta. Cada. Maldito. Día. Los cinco aguardaban la respuesta. Ella observó sus rostros expectantes. Y entonces suspiró. Tal vez construir una civilización había sido más fácil que lidiar con sus esposos. Mucho más fácil. Porque la historia de Zary no comenzó con una gran ciudad. Ni con riqueza. Ni con poder. Comenzó en una pequeña tribu primitiva. Cuando una chica de otro mundo abrió los ojos y descubrió que había renacido en el lugar menos esperado. Y que su destino estaba a punto de cambiar para siempre.
Capítulo 7
Capítulo 7: Las Primeras Semillas Al día siguiente, toda la tribu seguía hablando sobre las extrañas ideas de Zary. Algunos pensaban que estaba loca. Otros creían que era una genio. Y unos pocos simplemente tenían curiosidad. Sin embargo, Zary no prestó atención a los rumores. Estaba demasiado ocupada. Frente a ella había varias pequeñas bolsas ocultas dentro de su cabaña. Las semillas compradas en la tienda del sistema. Trigo. Patatas. Legumbres. Y algunas verduras resistentes. Aquellas semillas parecían insignificantes. Pero para Zary representaban el futuro. La posibilidad de acabar con el hambre. La posibilidad de que los niños de la tribu nunca más tuvieran que acostarse con el estómago vacío. —Hoy empezamos. Apenas salió de la cabaña, encontró a Lyra esperándola. —¿Vas a hacer otra cosa extraña? —Sí. —Lo suponía. Zary sonrió. —¿Me ayudarás? Lyra ni siquiera lo pensó. —Por supuesto. La respuesta hizo que el corazón de Zary se calentara. Desde que había llegado a este mundo, Lyra siempre había estado a su lado. La futura villana que la novela describía como cruel y egoísta era, en realidad, una hermana increíblemente cariñosa. Aquello solo reforzaba la determinación de Zary. No permitiría que el destino destruyera a Lyra. Mientras caminaban hacia las afueras de la aldea, apareció otra figura. Kael. Sus nueve colas rojizas se balanceaban detrás de él. El viento movía suavemente su largo cabello rojo. Sus ojos escarlata se posaron inmediatamente sobre Zary. —¿Qué estás haciendo hoy? —Voy a cultivar comida. Kael parpadeó. —Sigues diciendo cosas imposibles. —Y tú sigues apareciendo. El zorro soltó una risa divertida. —Supongo que sí. —¿Quieres ayudar? —Claro. Y así, los tres comenzaron a caminar juntos. Algunos aldeanos observaron la escena con sorpresa. Después de todo, Kael rara vez se interesaba por alguien. Mucho menos seguía a una mujer a todas partes. Pero el propio Kael no parecía darse cuenta. Simplemente quería ver qué ocurriría esta vez. Al llegar a una zona despejada cerca de la tribu, Zary comenzó a trabajar. Primero limpiaron las piedras. Luego arrancaron maleza. Después removieron la tierra usando herramientas de hueso y piedra. El trabajo fue agotador. Especialmente porque las herramientas primitivas eran terribles. —Necesitamos mejores herramientas —murmuró Zary. [Observación correcta.] —Gracias, sistema. [De nada.] A veces sentía que estaba hablando con una persona real. Horas después, el terreno estuvo listo. Zary abrió una de las bolsas.…