El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre - Fauces de titanio
Autor: Kevin Vega | Género: Thriller Psicológico, Ficción Bélica y Apocalíptica, Acción, Misterio, Tragedia
Sinopsis de El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre
Aezel Astor era el pilar de su familia, un joven de inquebrantable calma. Hasta que un descubrimiento insondable lo obligó a fingir su propia muerte, sumiendo a los suyos en el luto. Cinco años después, el mundo se paraliza cuando Aezel reaparece en todas las pantallas del planeta. Ya no es el hijo perfecto, sino el verdugo de la humanidad: con solo presionar unos botones, desata un infierno nuclear y declara una guerra total. Ahora, sobre las cenizas del viejo mundo, su hermano menor, Nirian, es el único decidido a cazar al genocida más despiadado de la historia... aunque eso signifique destruir a la persona que más admiraba.
Fauces de titanio
El eco del aullido metálico murió entre los abetos, pero el silencio que siguió fue aún más asfixiante. No era el silencio de un bosque dormido; era la contención de la respiración antes de una ejecución. Nirian Astor no perdió ni un segundo en entrar en pánico. Su mente, entrenada durante un año de supervivencia extrema bajo la constante amenaza de su hermano mayor, fraccionó el problema en variables tácticas puras. —A las trincheras de la línea de árboles —ordenó Nirian, señalando un montículo de tierra y nieve endurecida a unos veinte metros de la empalizada—. ¡Muévanse, ahora! Si esa cosa tiene línea de visión directa con la cabaña, abrirá fuego contra la madera y matará a mi familia. Hay que atraerla hacia el bosque espeso. Kaelen, el sargento de la Vanguardia, no discutió. Había visto la frialdad en los ojos de ese joven de veintiún años y reconoció instintivamente a un cazador que conocía su propio territorio. Hizo una seña rápida a sus dos subordinados, Elara y un soldado joven llamado Jax. Los tres corrieron encorvados por la nieve y se arrojaron detrás del montículo, apuntando sus rifles de asalto hacia la bruma gris del este. Nirian se deslizó a su lado, sus movimientos fluidos y silenciosos a pesar de la pesada escopeta y la chaqueta de cuero. El suelo comenzó a vibrar. Un temblor rítmico, pesado, antinatural. —Sargento —susurró Nirian sin apartar la vista de la espesura—, sus balas de calibre estándar solo van a arañar el blindaje de esa cosa. He visto los restos de un Cerbero que un convoy de Drovos logró derribar hace meses. Tienen blindaje de titanio reforzado en el pecho y el lomo. —Tenemos munición de punta perforante, pero no tenemos explosivos pesados, chico —gruñó Kaelen, quitando el seguro de su rifle—. Usamos la última granada EMP para escapar de la emboscada en el valle. Si esa máquina nos fija, estamos muertos. —No apunten al centro de masa —indicó Nirian, su voz plana y calculadora, casi recordando a la lógica matemática de Aezel—. Apunten a las articulaciones de las patas delanteras, donde los pistones hidráulicos están expuestos, o al visor óptico rojo. Yo me encargaré del daño masivo. Elara miró a Nirian de reojo. —¿Con una escopeta de corredera? Esa chatarra no le hará ni cosquillas. Nirian no sonrió. Simplemente metió la mano en el bolsillo profundo de su chaqueta táctica y sacó dos cartuchos de escopeta modificados. No eran rojos ni verdes como los de perdigones convencionales; estaban encintados con cinta negra aislante y l…