El buzón de los latidos perdidos - La frecuencia de la penumbra y el cerco de las sospechas

Autor: Nótt | Género: Romance, Drama escolar, Misterio, Suspenso

Sinopsis de El buzón de los latidos perdidos

Mizuki Hoshino es la estudiante perfecta e inalcanzable; Ren Kazama, el chico rebelde y temido del fondo de la clase. En los pasillos de la prestigiosa Academia Gekkou no se soportan, pero en secreto, comparten sus miedos y anhelos más profundos a través de cartas anónimas dejadas en un viejo buzón de la biblioteca. Lo que ignoran es que la persona de la que se están enamorando por escrito es su mayor dolor de cabeza en la vida real. Sin embargo, su frágil refugio de papel está en peligro. Alguien acecha desde las sombras, tejiendo una red de engaños y dispuesto a manipular su correspondencia para destruirlos. ¿Sobrevivirá este romance cuando las palabras comiencen a mentir?

La frecuencia de la penumbra y el cerco de las sospechas

La lluvia de la noche anterior había dejado paso a una mañana gélida y húmeda. La Academia Gekkou se alzaba entre jirones de niebla que subían del suelo, como si el campus entero intentara ocultarse del mundo exterior. Para Mizuki Hoshino, las paredes de hormigón y cristal del instituto nunca se habían sentido tan estrechas. Cada rincón del edificio principal parecía tener ojos; cada murmullo en los pasillos sonaba como una acusación. En su mano izquierda, oculta en el bolsillo de su abrigo, Mizuki apretaba la pequeña llave metálica que Ren Kazama le había entregado. Sus dedos recorrían los números de la frecuencia grabados en el metal, memorizándolos como si fueran un mantra de salvación. Ya no había dudas en su mente. La trampa de la cita literaria había destruido la última barrera de su escepticismo: el paria, el delincuente que todos evitaban, era su "Poeta Roto". —Hoshino-san, el profesor Kimura solicita los registros de asistencia del mes pasado —la voz de Seiya Arisugawa la sacó de sus pensamientos. Mizuki se sobresaltó sutilmente, pero recuperó su postura antes de que Seiya pudiera notar la grieta. El presidente del consejo estaba apoyado contra la mesa de la oficina, sosteniendo una taza de porcelana blanca. Su uniforme lucía, como siempre, impecable, pero había algo en la fijeza de su mirada que hacía que la atmósfera de la habitación fuera asfixiante. —Los tengo listos aquí, Arisugawa-san —respondió Mizuki, extendiendo una carpeta azul—. Todo está en orden. Seiya tomó la carpeta, pero no la abrió de inmediato. La dejó sobre la mesa y dio un paso hacia ella, reduciendo la distancia con esa familiaridad aristocrática que a Mizuki le helaba la sangre. —Me alegra oír eso. Aunque... anoche me preocupé un poco —dijo Seiya, ladeando la cabeza con una sonrisa que no reflejaba calidez alguna—. Cuando subí a la oficina de delegados para buscarte, ya te de bías marchado. Dejaste las luces encendidas y la puerta sin asegurar. Es un descuido muy extraño en ti, Hoshino-san. Casi como si hubieras salido huyendo de algo... o de alguien. Mizuki mantuvo la mirada fija en los ojos de Seiya. Sabía que parpadear o desviar la vista sería admitir la culpa ante un depredador que olía el miedo. —El dolor de cabeza volvió, Arisugawa-san. Olvidé apagar el interruptor por la prisa de tomar el último transporte. Lamento la negligencia. —No te preocupes. Solo me aseguro de que nuestra delegada estrella esté a salvo —Seiya tomó el bolígrafo de plata que estaba sobre el escrit…

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