magia rota - torres del oeste
Autor: miri | Género: no lo podía describir
Sinopsis de magia rota
está una niña donde la familia no la quiere
torres del oeste
--- Eran las 11:58 PM. No dormí. Tenía la nota de "A" arrugada en la mano. _Habitación 13. Torre oeste. No todos dormimos._ Si iba, podía ser una trampa. Si no iba, me iba a volver loca preguntándome. Y después de ver a la bibliotecaria usar magia como si nada... ya nada me parecía imposible. La escuela de noche daba miedo. Los pasillos estaban oscuros y olían a humedad. La torre oeste estaba prohibida después de las 10. Todos lo sabían. Subí 3 pisos. En el 13 había una sola puerta. Madera vieja, con un símbolo grabado: una luna creciente morada. Respiré hondo y toqué. La puerta se abrió sola. Adentro no había muebles. Solo velas. Muchas. Y en el centro, la chica de la biblioteca. Los ojos dorados brillaban en la oscuridad. —Sabía que vendrías —dijo. No sonrió—. Me llamo Aiko. —¿Cómo sabes mi nombre? —mi voz tembló. —Porque te vi sangrar esa noche en el jardín —se acercó—. Y porque tú hueles a _luna_. Se me heló todo. —¿Qué quieres decir? Aiko levantó la mano. Entre sus dedos flotó una pequeña llama morada. —La magia existe, Suki. Siempre ha existido. Brujas, kitsunes... y _lobas luna_. Como tú. El mundo se me vino encima. —Yo no... yo soy normal. —Nadie normal tiene una marca que arde cada luna llena —señaló mi muñeca. Yo ni me había dado cuenta, pero abajo de la manga me quemaba—. El chico del jardín te salvó. Te marcó. Ahora eres de los nuestros... quieras o no. Di un paso atrás. —¿Quién fue? ¿Akio? Aiko negó. Por primera vez se le borró lo serio de la cara. —No puedo decirte. Si lo hago, _él_ se entera. Y no estás lista. Se acercó a la ventana. Afuera la luna estaba creciente. Morada. —Mira, Suki. Puedes huir. Puedes pretender que esto no pasó. Pero cada noche de luna llena te va a doler más. Hasta que te transformes y mates a alguien sin querer. Tragué saliva. —¿Hay otra opción? —Sí —se giró—. Aprender. Controlarlo. Pero eso duele. Y pierdes cosas en el camino. Amigos. Familia. Tu vida normal. Hubo silencio. Solo el crujir de las velas. —Enséñame —susurré al fin. Aiko asintió lento. —Entonces a partir de hoy, cada noche vienes aquí. Pero ojo: si alguien te ve, los dos estamos muertas. ¿Trato? Estiré la mano. Me temblaba. —Trato. Cuando salí de la torre ya eran las 3 AM. El cielo seguía morado. Y por primera vez en días... no tenía miedo. Tenía rabia. Rabia de no saber. Rabia de que me ocultaron esto. La magia me rompió. Pero si tenía que aprenderla para no perderme... lo haría.