Wind: El viento de la esperanza - Corre, vive , pelea
Autor: Kuro Usagi | Género: Acción, Fantasía, Reencarnación
Sinopsis de Wind: El viento de la esperanza
Un ser ha robado el poder de los antiguos Custodios, entidades que protegían los pilares del universo, desatando el caos a través de las líneas del tiempo. Su nombre es Necroid, el falso Custodio de la Realidad. Y sin saberlo, una adolescente está destinada a detenerlo. En cada línea del tiempo, en cada mundo posible, Wind siempre existe. Y en cada uno, su destino es el mismo: enfrentar al invasor del multiverso, al destructor de todo lo que pudo haber sido. Cargando con un poder que nunca pidió, Wind posee el legado de los antiguos Custodios. Dos de ellos han depositado en ella lo último que les queda. A través de batallas devastadoras, traiciones, pérdidas y reencuentros, Wind deberá descubrir quién es en realidad… Y hasta dónde puede llegar una chica con el peso del multiverso sobre sus hombros.
Corre, vive , pelea
Después del veneno, nada volvió a ser igual. No porque Wind se hubiera quebrado, sino porque su sistema se había vuelto una fortaleza. Ray, con apenas trece años, entendió el mensaje oculto en aquel paquete de chocolates: el mundo allá afuera no les daría tregua. Si quería que ella sobreviviera, tendría que prepararla con lo que tuviera a mano. Así que empezó con lo básico, transformando su miedo en disciplina. —Golpea aquí —le ordenó una tarde, señalando una almohada vieja amarrada con cuerdas a un poste del patio. —Fuerte. Wind, con sus manos diminutas, golpeaba sin mucha convicción. —Más fuerte. —¡Ay! ¡Me dolió! —se quejó ella, mirándose los nudillos rojos. —Entonces lo estás haciendo bien. El dolor te dice que estás usando tu fuerza. Los días libres se convirtieron en entrenamientos sistemáticos. Primero fue la carrera. Ray la hacía correr sola, calle abajo, hasta que el pecho le ardía. Cuando regresaba jadeando y con las rodillas temblorosas, él la recibía con una toalla y un abrazo lleno de orgullo. —Otra vez mañana —sentenciaba él. Pasaron los meses y empezaron a correr juntos. Al principio, Ray tenía que frenar su paso para esperarla; luego, ella empezó a marcar el ritmo. Con el tiempo, Wind lo superaba sin mirar atrás, sus trenzas volando al viento como banderas de victoria. Cada vez que Ray se quedaba atrás, soltaba una carcajada y le gritaba desde lejos: —¡Wind! ¡Recuerda! ¡Si golpeas, es para pelear… pero si corres, es para vivir! Ella siempre volteaba con una sonrisa radiante y completaba la frase que se había vuelto su código de supervivencia: —¡Para vivir y pelear otro día! Diez años pasaron así, rápidos y silenciosos como los trenes que veían perderse en el horizonte desde la azotea de su edificio. Wind cumplió trece años; Raymond, veintitrés. En ese tiempo, la vecina de enfrente, Leti, se convirtió en su ángel de la guarda. Al enterarse de lo que había pasado con el veneno, decidió que esos dos "huérfanos" necesitaban una madre, aunque no llevaran su sangre. —Eres un buen muchacho, Ray —le decía ella mientras servía café humeante. —Y esa niña… es una joyita que hay que pulir. Cuando Ray tuvo que buscar trabajo porque los ahorros de la familia se habían esfumado, fue Leti quien cuidó de Wind. Ella fue quien, con paciencia infinita, le enseñó a Ray a trenzar el cabello de la niña, a pesar de las protestas de él. —¿Por qué debo aprender a hacer esto? —rezongaba Ray, peleándose con los mechones rebeldes de Wind. —Porque ella se me…