Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje - Serfin

Autor: Barws | Género: Fantasía, aventura

Sinopsis de Bajo un cielo desconocido comienza mi viaje

Despertar en un lugar que no reconoces ya es aterrador. Pero hacerlo en un cuerpo que no es el tuyo… en un mundo donde el cielo no sigue ninguna lógica… lo cambia todo. Sin un objetivo claro, sin una misión que cumplir, y sin respuestas sobre cómo llegó allí, un joven se ve obligado a avanzar en un entorno completamente desconocido. Lo que comienza como simple incertidumbre se transforma en algo más profundo: cada paso que da, cada persona que conoce y cada cosa que descubre, le muestran que este mundo no necesita un héroe… pero sí exige que tome decisiones. Guiado por alguien que parece conocerlo… pero que ya no lo reconoce como antes, deberá adaptarse a una realidad que no entiende, mientras poco a poco enfrenta una pregunta mucho más difícil que sobrevivir: ¿Qué voy a hacer ahora? Porque en un mundo desconocido… no hay caminos ya definidos.

Serfin

Capítulo 8: Serfin El sonido del metal contra el metal se abría paso entre las voces del pueblo. Clang. Clang. Clang. La miré. —¿Yo? Ella asintió. —Ayudabas al señor Grey. Antes de poder preguntar más, Mirellis me tomó de la manga y me guio hacia la entrada. Dentro, el aire era pesado. Caliente. Olía a carbón, hierro, aceite y cuero viejo. El contraste con mi ropa mojada fue tan fuerte que un escalofrío me recorrió la espalda. Las paredes estaban llenas de herramientas: martillos, tenazas, cuchillas sin terminar, piezas de metal, herraduras y hojas colgadas esperando ser pulidas. Frente al yunque, un hombre trabajaba en silencio. No era viejo. Tampoco joven. Tenía la postura de alguien acostumbrado al calor, al peso y a decir poco. Estaba afilando una espada. El metal raspaba contra la piedra con un sonido áspero. Nos quedamos esperando. Cuando terminó, levantó la mirada. —Jerwis. Lo dijo con familiaridad tranquila. Como si mi presencia allí fuera parte normal de su día. Pero entonces sus ojos bajaron a mi ropa empapada. Luego a mi cabello mojado. Luego al agua que empezaba a formar pequeñas gotas oscuras sobre el suelo de la herrería. Su expresión cambió. —¿Qué demonios te pasó? Dejó la herramienta a un lado y se acercó con pasos pesados. —¿Te caíste al río? ¿Otra vez hiciste una estupidez antes de la ceremonia? No supe responder. Porque su preocupación era demasiado natural. Demasiado cercana. Mirellis habló antes de que el silencio me delatara. —Tuvo un duelo en el puente. Cayó al río y se golpeó la cabeza. Desde entonces está raro. Grey frunció el ceño. —¿Raro cómo? Mirellis dudó un instante. —No recuerda bien las cosas. La mirada de Grey volvió a mí. Esta vez ya no había solo molestia. Había miedo. Un miedo silencioso. Contenido. De esos que los adultos intentan esconder detrás de un gruñido. —Ven aquí. Antes de que pudiera reaccionar, tomó una tela gruesa que colgaba cerca de la fragua y me la lanzó al pecho. —Sécate antes de que te dé fiebre, idiota. La agarré por reflejo. La tela olía a humo, hierro y carbón. No era suave. Pero estaba tibia. Y por alguna razón, ese gesto brusco me dolió más que si hubiera sido amable. Porque no era cortesía. Era costumbre. Una forma vieja de preocuparse por alguien. Me sequé el cabello en silencio. Grey me observó durante unos segundos más. —¿De verdad no recuerdas nada? Bajé la mirada. No podía responder. No podía mentir bien. No podía decir la verdad. Así que guardé silencio. Mirellis intervino otra vez. —Estoy l…

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