Reencarne En Una Era Primitiva - Capítulo 8
Autor: Niuyee | Género: romance, harem Inverso, Harén fantasía
Sinopsis de Reencarne En Una Era Primitiva
Prólogo —¿Por qué todos están aquí? Zary abrió los ojos y observó el techo de piedra de su habitación. O mejor dicho, su enorme habitación. La habitación de la jefa de la ciudad. La habitación que compartía con cinco hombres imposiblemente guapos. Y, por desgracia, los cinco estaban presentes. —Porque es nuestra habitación —respondió una voz grave. Zary giró la cabeza. El hombre de cabello rojo y ojos escarlata estaba sentado junto a la cama, observándola con una sonrisa. —Llegué primero. —Mentira. La respuesta vino desde la ventana. El albino de ojos dorados descansaba tranquilamente apoyado contra la pared. —Yo llegué antes. —Ambos llegaron después de mí. El segundo albino, dueño de unos extraños ojos plateados, ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo. Una vena apareció en la frente de Zary. No eran niños. Eran líderes tribales. Guerreros legendarios. Los hombres más poderosos de todo el continente. Entonces, ¿por qué discutían como si tuvieran cinco años? —Zary. El hombre de cabello púrpura tomó una de sus manos. —¿Desayunaste? —Todavía no. —Perfecto. Cociné para ti. —Ella comerá lo que preparé yo. El hombre de cabello negro y ojos azules apareció detrás de él sosteniendo una bandeja. El silencio cayó sobre la habitación. Luego los cinco comenzaron a mirarse. Y la temperatura pareció descender varios grados. Zary cerró los ojos. Otra vez no. Otra vez estaban compitiendo. Otra vez porque ella había sonreído a uno más que a los demás. Otra vez porque uno había recibido un abrazo y los otros cuatro exigían el suyo. A veces se preguntaba cómo había terminado así. Porque años atrás todo era diferente. Muy diferente. Cuando abrió los ojos por primera vez en este mundo, no existían ciudades. No existían caminos. No existían hornos. No existían murallas. Ni siquiera existía una forma adecuada de conservar alimentos. Las tribus apenas comenzaban a dominar el fuego. Y ella... Ella solo era una chica común que había reencarnado accidentalmente en aquel mundo salvaje. Peor aún. Había reencarnado como la hermana menor de la futura villana. Una villana destinada a provocar incontables desgracias. Una villana llamada Lyra. En aquel entonces, Zary estaba convencida de que su vida sería difícil. Nunca imaginó que terminaría construyendo ciudades. Nunca imaginó que cambiaría el destino de las tribus. Nunca imaginó que recibiría un sistema misterioso. Y definitivamente jamás imaginó que acabaría con cinco esposos. —Zary. —¿Sí? Los cinco hombres la miraron al mismo tiempo. —¿A quién quieres más? La sonrisa de Zary desapareció. Otra vez esa pregunta. Siempre esa pregunta. Cada. Maldito. Día. Los cinco aguardaban la respuesta. Ella observó sus rostros expectantes. Y entonces suspiró. Tal vez construir una civilización había sido más fácil que lidiar con sus esposos. Mucho más fácil. Porque la historia de Zary no comenzó con una gran ciudad. Ni con riqueza. Ni con poder. Comenzó en una pequeña tribu primitiva. Cuando una chica de otro mundo abrió los ojos y descubrió que había renacido en el lugar menos esperado. Y que su destino estaba a punto de cambiar para siempre.
Capítulo 8
Capítulo 8: El Milagro Verde Los días siguientes estuvieron llenos de expectación. Cada mañana, antes incluso de desayunar, Zary visitaba el pequeño campo de cultivo. Lyra la acompañaba. Y, como ya se había vuelto costumbre, Kael también aparecía. Nadie sabía exactamente cuándo llegaba. Simplemente estaba allí. Observando. Ayudando. Y cada vez más interesado en todo lo que hacía Zary. Aquella mañana no fue diferente. Sin embargo, Zary llevaba algo oculto. La noche anterior había comprado el Fertilizante de Crecimiento Básico del sistema. Ahora solo esperaba comprobar si realmente funcionaba. Cuando llegaron al campo, Zary aprovechó un momento en que nadie la observaba para esparcir discretamente el fertilizante. Una tenue luz invisible desapareció entre la tierra. [Fertilizante aplicado.] [Tiempo de crecimiento reducido.] [Eficiencia: Excelente.] Zary sonrió. —Ahora solo queda esperar. —Eso es lo que dices todos los días —comentó Kael. —Porque las plantas no aparecen de la nada. —Eso espero. —¿No me crees? —Todavía no. Lyra soltó una risita. Verlos discutir se estaba volviendo bastante divertido. Pasaron tres días. Luego cuatro. Después cinco. Y entonces ocurrió. Aquella mañana, uno de los niños de la tribu llegó corriendo. —¡Zary! —¿Qué ocurre? —¡Las plantas! Zary se levantó de inmediato. Lyra y Kael la siguieron. Cuando llegaron al campo, una multitud ya estaba reunida alrededor. Todos observaban la tierra con incredulidad. Porque pequeñas plantas verdes habían emergido del suelo. Cientos de ellas. Pequeños brotes cubrían la parcela. El silencio reinó durante varios segundos. —Imposible... —Realmente crecieron. —¿De verdad salió comida de la tierra? —¿No era una broma? Los aldeanos no podían creerlo. Muchos se agacharon para tocar los brotes. Otros simplemente observaban. Como si temieran que desaparecieran de repente. Lyra tenía la boca ligeramente abierta. —Zary... —¿Sí? —Lo lograste otra vez. La joven no pudo evitar sonreír. Kael permanecía inmóvil. Sus ojos rojos observaban las plantas. Luego miró a Zary. Después volvió a mirar las plantas. Y finalmente soltó una pequeña carcajada. —Increíble. Era la única palabra que encontraba adecuada. Porque aquello realmente lo era. Durante toda su vida había creído que la comida solo podía conseguirse cazando o recolectando. Ahora estaba viendo cómo nacía directamente de la tierra. Gracias a Zary. Y cuanto más sucedían cosas así... Más admiración sentía por ella. Mientras tanto, el sistema emitió una notificaci…