El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre - La ciudad en el hielo

Autor: Kevin Vega | Género: Thriller Psicológico, Ficción Bélica y Apocalíptica, Acción, Misterio, Tragedia

Sinopsis de El Despertar del Abismo: Lazos de Sangre

Aezel Astor era el pilar de su familia, un joven de inquebrantable calma. Hasta que un descubrimiento insondable lo obligó a fingir su propia muerte, sumiendo a los suyos en el luto. Cinco años después, el mundo se paraliza cuando Aezel reaparece en todas las pantallas del planeta. Ya no es el hijo perfecto, sino el verdugo de la humanidad: con solo presionar unos botones, desata un infierno nuclear y declara una guerra total. Ahora, sobre las cenizas del viejo mundo, su hermano menor, Nirian, es el único decidido a cazar al genocida más despiadado de la historia... aunque eso signifique destruir a la persona que más admiraba.

La ciudad en el hielo

El interior del transporte blindado olía a diésel rancio, sangre seca y sudor frío. Era un viejo vehículo de infantería con orugas, un relicario de la era pre-Purificación que los ingenieros de la Vanguardia habían modificado recubriendo su chasis con placas de plomo y mallas de Faraday para protegerlo de los pulsos electromagnéticos. Sus motores rugían como una bestia asmática mientras trituraba la nieve profunda de las cordilleras del norte. Nirian Astor estaba sentado en el duro banco de metal, con la espalda apoyada contra la pared vibrante del vehículo. Mantenía la escopeta cruzada sobre sus rodillas, sus manos aún manchadas con la ceniza y el aceite del Cerbero que había destruido. Frente a él, su familia dormía el sueño intranquilo de los supervivientes. Su madre abrazaba a la abuela, compartiendo el escaso calor de una manta térmica militar que Elara les había proporcionado. Su padre, Arthur, cabeceaba con la barbilla pegada al pecho, su respiración marcada por ese silbido húmedo que a Nirian le encogía el estómago. Habían sobrevivido a la noche, pero el costo físico en los ancianos era devastador. Kaelen, el sargento de la Vanguardia, estaba sentado junto a la puerta de la cabina del piloto, limpiando su rifle bajo la tenue luz roja de emergencia del habitáculo. Levantó la vista y se encontró con los ojos fríos y avellana de Nirian, que no habían parpadeado en horas. —Deberías dormir un poco, chico —dijo Kaelen, alzando la voz por encima del ruido del motor—. Llevamos catorce horas de viaje. Los sensores no detectan drones Ícaro en este cuadrante. Estamos fuera del radar de la Égida. —Dormiré cuando estemos tras muros de concreto, Sargento —respondió Nirian, su tono plano y carente de emoción—. La madera no detuvo a mi hermano. La nieve tampoco lo hará. Kaelen asintió lentamente. Ya había dejado de hacer preguntas sobre la misteriosa conexión de Nirian con las máquinas. Había visto la furia matemática con la que el joven había ejecutado a un Cerbero, un acto que a escuadrones enteros de soldados entrenados les costaba la vida. Si Nirian tenía asuntos personales con el creador del fin del mundo, Kaelen no iba a interponerse. —Estamos a punto de cruzar el Desfiladero del Eco —informó el Sargento, señalando hacia la escotilla superior—. Una vez que pasemos, entraremos en el perímetro ciego. Bastión-Norte está al otro lado. El transporte dio una sacudida violenta cuando las orugas comenzaron a trepar por una pendiente de hielo sólido. El rugido del mo…

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