Así empezó el final - VIDRIO

Autor: Escriba sin nombre | Género: fantasía , accion

Sinopsis de Así empezó el final

Una esfera cerrada. Cinco reinos. Cero salidas. Nadie entra. Nadie sale. Solo las almas. La tuya entró hoy. Entre reinos hay Puntos Muertos: tierra sin ley donde manda el que muerda más fuerte. Y en el centro... un silencio que pesa. Los reyes huyen. Las bestias rezan. Aprenderás las tres leyes. Conocerás a los que tienen corona y maldición. Y al final entenderás por qué

VIDRIO

20 metros de vidrio roto. Millones de pedazos. Cada uno refleja una mentira. El suelo cruje bajo los pies. Como huesos. Como promesas. El aire huele a quemado. A gritos que llegaron tarde. A "lo siento". No hay viento. No hay techo. No hay cielo. Solo el eco de lo que no se dijo a tiempo. Rodillas estallan contra vidrio. Duélelo. Que corte. Sangre baja por las piernas... pero no importa. Ya están vacíos por dentro. Hueso frío se clava en la cara. Cierra. Oscuridad. Respiración contenida. El corazón no retumba. No late. Solo... hueco. Como cuarto después que se va alguien para siempre. Dentro de la máscara el aire no sabe a nada. Y eso duele más. Porque no hay grito que guardar. No hay "AGUANTA". No hay "NO". No hay "BASTA". Llegaron tarde. El ciclo no sirve contra el tiempo. Susurro roto, sin fuerza, sin sangre, sin nada: "PERDÓN... LLEGAMOS TARDE..." La máscara no tiembla. No vibra. No zumba. Está fría. Muerta. Inútil. ZUM... el último eco que guarda... y se apaga. Por primera vez... el hueso no tiene nada que botellar. Manos de niebla intentan atrapar algo en el aire. Pero no hay grito. No hay intención. No hay voz que moldar. Solo vidrio. Solo silencio. Solo culpa. CRAAAACK... pero no de dedos. De alma. Los guantes aprietan el aire vacío hasta que los nudillos sangran. No hay nada que romper. No hay nada que salvar. Silencio. El peor silencio de todos. No el de Nimrath. No el de Aethryn. No el de Sangarok. El silencio de "no hicimos nada". El silencio de culpa. Dos respiraciones rotas... pero ya no intentan hacer una sola. Una jadea. La otra solloza sin sonido. Ninguna carga a la otra. Ninguna puede. Están rotos los dos. "¿Y ahora qué...?" La pregunta no tiembla. No hay fuerza para temblar. "Ahora... ahora solo duele." Hueso roza niebla. Niebla roza hueso. No hay chispa. Solo frío. Solo vidrio entre los dos. Espalda contra espalda... pero separados por un abismo. No se miran. No pueden. Se darían vergüenza. Un pedazo de vidrio cae. Lento. Brutal. Choca contra el suelo... y se rompe en mil pedazos más. Nadie lo detiene. Nadie lo moldea. Nadie dice "NO". Porque esta vez... no hubo ciclo. El viento no vuelve. No se atreve. Los 3 metros del centro ya no existen. Afuera, el mundo sigue roto. Y ellos no pudieron evitarlo. "No sembramos..." susurra uno, garganta cerrada. "No cosechamos..." responde el otro, manos vacías. "Silencio..." dicen los dos, mirando el vidrio que no pudieron parar. "Otra vez. Pero esta vez... sin arma. Solo con dolor."

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