Aileen - Eres mi hija

Autor: Kuro Usagi | Género: Fantasia urbana, slice of life, drama, fantasía urbana, slice of life, novela e fantasía urbana, slice of life, novela emocional,drama, fantasía urbana, slice of life, novela emocional,

Sinopsis de Aileen

Entre ventas ambulantes, vestidos usados, atún enlatado y cajas de cartón, un joven comerciante intenta criar a una niña semihumana rescatada de una red de trata. Ella no sabe leer. Él no sabe ser padre. Pero juntos intentarán construir algo que ninguno de los dos tuvo jamás: un motivo para vivir.

Eres mi hija

Cuando desperté, Aileen estaba metida en mi teléfono, muy atenta. Muy despacio me levanté para ver que estaba haciendo, tenía los audífonos puestos, estaba viendo un video para preescolar sobre las vocales. En el video, una choca vestida de forma muy llamativa, con muchos colores mostraba las vocales con caritas simpáticas y Aileen repetía los nombres muy bajito, fui rápido a la cocina, calenté un poco de leche, tomé unas galletas en un platito y se los arrimé muy despacio, sin desconcentrarla. Cuando se dio cuenta de eso, se asustó un poquito, pero le di un beso en la frente y le revolví el cabello. Cuando terminó de ver el video ya se había terminado la leche y las galletas, puso mi teléfono en la mesa del comedor y fue a la cocina a abrazarme. —Perdón… lo tomé sin permiso. —No hay problema mientras sea para estudiar —le toqué la punta de su nariz —tengo guardados unos libros que te pueden ayudar de lo que vendía antes, gracias a ti no van a ser una inversión perdida. Le serví más de desayunar y los busqué entre mis cosas. Al encontrarlos puse un par en la mochila. Luego me fui a desayunar yo también. Más tarde, salimos rumbo a la veterinaria, es día de limpieza, de camino le comenté a Aileen que le tenía una sorpresa (le tuve que explicar lo que es una sorpresa), así que también le dije que podía ver los videos que quisiera para aprender a leer (lo bueno de tener la clave del router del consultorio). Llegamos y nuestra rutina fue casi la misma: ella en su caja con su libreta, ahora con el teléfono, yo limpiando y tirando basura, Daniela haciéndole la plática y la doctora atendiendo sus pacientes. —¿Qué haces bigotitos? —se acercó Daniela a Aileen dándole un nuevo sobrenombre. —Leo… —no se despegaba de la pantalla —…papá me dijo que saber leer es muy importante si quiero ser alguien en la vida… ¡Quiero ser veterinaria como la doctora Irma! —¿En serio? —se enderezó Daniela —¿Quieres ser como mi ti… como la doctora Irma? —Sí —levantó la mirada muy orgullosa —quiero ayudar a otros así como ayuda a mi papá… Y creo que la doctora alcanzó a escuchar que ella quiere seguir su ejemplo porque en cuanto la escuchó salió deprisa del lugar sin decir nada. —Aileen —me asomé —no le quites el tiempo a Daniela por favor, es de mala educación. —No Adrián, no me está quitando el tiempo —se cruzó de brazos —de hecho te iba a proponer que me dejes enseñarle. —No te molestes, de verdad —giré la cabeza avergonzado —ella puede, mira con esos vídeos… —No es molestia —se me acer…

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