Reencarne En Una Era Primitiva - Capítulo 9

Autor: Niuyee | Género: romance, harem Inverso, Harén fantasía

Sinopsis de Reencarne En Una Era Primitiva

Prólogo —¿Por qué todos están aquí? Zary abrió los ojos y observó el techo de piedra de su habitación. O mejor dicho, su enorme habitación. La habitación de la jefa de la ciudad. La habitación que compartía con cinco hombres imposiblemente guapos. Y, por desgracia, los cinco estaban presentes. —Porque es nuestra habitación —respondió una voz grave. Zary giró la cabeza. El hombre de cabello rojo y ojos escarlata estaba sentado junto a la cama, observándola con una sonrisa. —Llegué primero. —Mentira. La respuesta vino desde la ventana. El albino de ojos dorados descansaba tranquilamente apoyado contra la pared. —Yo llegué antes. —Ambos llegaron después de mí. El segundo albino, dueño de unos extraños ojos plateados, ni siquiera levantó la vista del libro que estaba leyendo. Una vena apareció en la frente de Zary. No eran niños. Eran líderes tribales. Guerreros legendarios. Los hombres más poderosos de todo el continente. Entonces, ¿por qué discutían como si tuvieran cinco años? —Zary. El hombre de cabello púrpura tomó una de sus manos. —¿Desayunaste? —Todavía no. —Perfecto. Cociné para ti. —Ella comerá lo que preparé yo. El hombre de cabello negro y ojos azules apareció detrás de él sosteniendo una bandeja. El silencio cayó sobre la habitación. Luego los cinco comenzaron a mirarse. Y la temperatura pareció descender varios grados. Zary cerró los ojos. Otra vez no. Otra vez estaban compitiendo. Otra vez porque ella había sonreído a uno más que a los demás. Otra vez porque uno había recibido un abrazo y los otros cuatro exigían el suyo. A veces se preguntaba cómo había terminado así. Porque años atrás todo era diferente. Muy diferente. Cuando abrió los ojos por primera vez en este mundo, no existían ciudades. No existían caminos. No existían hornos. No existían murallas. Ni siquiera existía una forma adecuada de conservar alimentos. Las tribus apenas comenzaban a dominar el fuego. Y ella... Ella solo era una chica común que había reencarnado accidentalmente en aquel mundo salvaje. Peor aún. Había reencarnado como la hermana menor de la futura villana. Una villana destinada a provocar incontables desgracias. Una villana llamada Lyra. En aquel entonces, Zary estaba convencida de que su vida sería difícil. Nunca imaginó que terminaría construyendo ciudades. Nunca imaginó que cambiaría el destino de las tribus. Nunca imaginó que recibiría un sistema misterioso. Y definitivamente jamás imaginó que acabaría con cinco esposos. —Zary. —¿Sí? Los cinco hombres la miraron al mismo tiempo. —¿A quién quieres más? La sonrisa de Zary desapareció. Otra vez esa pregunta. Siempre esa pregunta. Cada. Maldito. Día. Los cinco aguardaban la respuesta. Ella observó sus rostros expectantes. Y entonces suspiró. Tal vez construir una civilización había sido más fácil que lidiar con sus esposos. Mucho más fácil. Porque la historia de Zary no comenzó con una gran ciudad. Ni con riqueza. Ni con poder. Comenzó en una pequeña tribu primitiva. Cuando una chica de otro mundo abrió los ojos y descubrió que había renacido en el lugar menos esperado. Y que su destino estaba a punto de cambiar para siempre.

Capítulo 9

Capítulo 9: La Primera Cosecha El tiempo pasó rápidamente. Día tras día, los habitantes de la Tribu Luna Gris observaban con asombro cómo las plantas crecían. Lo que comenzó como pequeños brotes verdes pronto se transformó en cultivos saludables. Las espigas de trigo se balanceaban suavemente con el viento. Las hojas de las patatas crecían vigorosas. Las legumbres y verduras cubrían gran parte del terreno. Muchos aldeanos seguían visitando el campo todos los días. Algunos simplemente para mirar. Otros para asegurarse de que no estaban soñando. Porque incluso después de semanas, seguía pareciendo un milagro. Aquella mañana, Zary se despertó con una notificación frente a sus ojos. [Misión actualizada.] [Los cultivos han alcanzado la madurez.] [Puede iniciar la cosecha.] Los ojos de Zary brillaron. —¡Por fin! Sin perder tiempo salió corriendo de la cabaña. Lyra apenas estaba despertando. —¿Qué sucede? —¡La cosecha está lista! —¿La cosecha? —¡Ven rápido! Minutos después, media tribu ya estaba reunida alrededor del campo. Kael llegó poco después. Sus nueve colas rojizas se movían con curiosidad mientras observaba los cultivos. Y por primera vez desde que comenzaron el proyecto... Incluso él quedó impresionado. Las plantas habían crecido mucho más de lo que esperaba. El trigo estaba dorado. Las verduras lucían frescas y abundantes. Y las patatas parecían listas para ser recogidas. —¿Todo esto salió de unas semillas? —preguntó uno de los cazadores. —Sí. —Increíble. Zary caminó hasta el centro del campo. Una enorme sonrisa apareció en su rostro. —Hoy vamos a recoger nuestra primera cosecha. Los aldeanos se miraron entre sí. Todavía les costaba creer que aquello fuera real. Pero cuando Zary arrancó una de las verduras y la levantó en el aire, las dudas comenzaron a desaparecer. —¿Qué esperan? ¡Ayuden! La multitud estalló en actividad. Los niños fueron los primeros en correr. Las mujeres comenzaron a recoger verduras. Los cazadores arrancaban las plantas más grandes. Incluso los ancianos ayudaban clasificando los alimentos. Por todas partes se escuchaban exclamaciones de sorpresa. —¡Miren cuántas hay! —¡Aquí también! —¡Las raíces son enormes! —¡Hay más comida de la que imaginaba! La emoción se extendió rápidamente. Muchos jamás habían visto tanta comida reunida en un solo lugar. Y toda había crecido cerca de la tribu. Sin necesidad de perseguir animales durante días. Sin arriesgar la vida en una cacería. Sin depender completamente de la suerte. Lyra sostenía varias …

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